viernes, 22 de mayo de 2015

Crisis, democracia e igualdad

Publico, a continuación,las versiones castellana y catalana del artículo aparecido en la revista Perspectiva. 

El enlace con el número de mayo de esta revista electrónica de CC OO de Ctaluña es: http://perspectiva.ccoo.cat/



Crisis, democracia e igualdad

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Javier Doz
Presidente de la Fundación 1º de Mayo



Desigualdad y retroceso democrático son vectores políticos y sociales que están en la génesis de la actual crisis financiera y económica. Por su parte, la crisis está causando una desigualdad aún más profunda y erosionando, todavía más, la calidad de la democracia, desde las estructuras del poder político pero también desde algunas corrientes sociales.
Como han mostrado autores como Stiglitz (2012), Krugman (2012) y Piketty (2014),  el crecimiento de la desigualdad se encuentra entre los factores principales que  han provocado la Gran Recesión. Resumiendo: los ricos a especular, trabajadores y clases medias a endeudarse, y los bancos a endeudarse todo lo que pudieron para prestar a ambos y especular ellos mismos, en beneficio de unos directivos que se pusieron a sí mismos unas descomunales retribuciones a costa de todos. Los gobiernos, es decir los contribuyentes, han pagado la factura. Kumhof y Rancière (2010), economistas del FMI, han destacado la desigualdad como causa de la crisis, comparando las dos últimas grandes crisis del capitalismo (1929 y 2007/2008); y la relacionan certeramente con el debilitamiento de la fuerza de los sindicatos. El debilitamiento de la negociación colectiva sumado a unas reformas fiscales regresivas produjeron, en EE UU, en las décadas anteriores al estallido de ambas crisis una fuerte desviación en la distribución de la renta en beneficio de la parte de la población de mayores ingresos (el 10% y mucho más aún para el 1% más rico). Joseph Stiglitz (2012) analiza con rigor la mutua interacción entre la desigualdad y el retroceso de la democracia para generar la crisis. Los ámbitos supranacionales con pocas reglas y menos gobierno, es decir con nula democracia, son los ideales para que el capital financiero y las empresas multinacionales impongan sus reglas e intereses. Pero en los Estados nación, donde los gobiernos son elegidos según sistemas democráticos formales –lejos de mi intención contraponer lo formal a lo real, hablando de democracia, como no sea para exigir ambas cualidades-, medios de comunicación, thing tanks, lobbies y demás aparatos ideológicos desempeñan un papel vital para cambiar las percepciones de la gente y hacer que se gobierne al servicio de las élites económicas y contra los intereses de las mayorías.
La gestión de la crisis por las instituciones de la UE, bajo la hegemonía política del gobierno alemán y la ideológica de su economía política (mix de ordoliberalismo, economía neoclásica y consenso de Washington) no sólo ha sido ineficiente e injusta,  según sus resultados en términos de crecimiento, paro, pobreza y desigualdad, sino que ha sido escandalosamente antidemocrática. Los supuestos avances en la gobernanza europea, del Pacto por el euro plus al nuevo Tratado (Pacto Fiscal), están diseñados, ante todo, para imponer la austeridad, las reformas-recortes y la devaluación interna, y conllevan –fondo y forma se complementan- un clamoroso déficit democrático. La cima de la falta de democracia en la gestión de la crisis ha sido la acción de troika en los países “rescatados”. Lo ha reconocido el presidente Juncker en una asombrosa confesión: “En la Comisión nunca se habló de la troika y sus mandatos”. Entonces, ¿Quién decidió imponer sus brutales recortes que violaron constituciones, leyes o convenios fundamentales de la OIT? El desprecio por el cumplimiento de las normas legales fundamentales es uno de los rasgos más característicos de la conducta antidemocrática.
Si en la génesis y el mal gobierno de la crisis están la desigualdad y el déficit democrático, sus consecuencias también deterioran las libertades y la democracia. Por un lado, han hecho crecer fuertemente en muchos países europeos corrientes sociales y políticas de extrema derecha, xenófobas y antieuropeas que suponen un peligro real para la democracia (hay que alegrarse, y mucho, de que en España sean fuerzas como Podemos y Ciudadanos las que “amenazan” el establishment político). Por otro, padecemos la respuesta autoritaria de los gobiernos a la protesta social motivada por la crisis. En autoritarismo, el gobierno del PP está a la cabeza de Europa (en el 2º lugar, probablemente, tras el húngaro de Viktor Orbán). La “resurrección” del artículo 315.3 del Código Penal, contra el derecho de huelga, y las leyes de seguridad ciudadana y de reforma del C.P., contra los de reunión y manifestación y la libertad de expresión, son algunas de sus acciones más descollantes contra la calidad de nuestra democracia.
Como conclusión diré que la salida de la crisis y la construcción de un modelo de crecimiento sostenible tienen que venir acompañadas de un fuerte avance, en la realidad social y política, de los valores de la igualdad y la libertad; y de la capacidad de promover movilizaciones sindicales, sociales y políticas de carácter supranacional y articularlas con las que se producen en los ámbitos nacionales. La lucha por la igualdad y la democracia son hoy, de nuevo, inseparables. Más capacidad de control democrático de las instituciones políticas; más participación de la ciudadanía en la vida política, incluida la institucional; y la ruptura de los profundos lazos de mutua dependencia entre las élites políticas y económicas, son las claves para avanzar en la igualdad y la libertad y para construir un orden social, nacional e internacional, democrático, justo y sostenible.
Referencias bibliográficas
  • Krugman, Paul (2012). “Acabad ya con esta crisis”. Ed. Crítica, Barcelona.
  • Kumhof, Michael y Rancière, Romain (2010). “Inequality, Leverage and Crises”. International Monetary Fund. Research Department, Washington.
  • Piketty, Thomas (2014). “El capital en el siglo XXI”. Fondo de Cultura Económica. México,D.F.
  • Stiglitz, Joseph E. (2012). “El precio de la desigualdad”. Santillana Ed.Gen.,Madrid.


Crisi, democràcia i igualtat

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Javier Doz
President de la Fundació 1r de Maig



Desigualtat i retrocés democràtic són vectors polítics i socials que estan en la gènesi de l’actual crisi financera i econòmica. Per la seva banda, la crisi està causant una desigualtat molt més profunda i erosionant, encara més, la qualitat de la democràcia, des de les estructures del poder polític però també des d’algunes corrents socials.
Com han mostrat autors com Stiglitz (2012), Krugman (2012) i Piketty (2014), el creixement de la desigualtat es troba entre els factors principals que han provocat la Gran Recessió. Resumint: els rics a especular, treballadors i classes mitjanes a endeutar-se, i els bancs a endeutar-se tot el que van poder per prestar a tots dos i especular ells mateixos, en benefici d’uns directius que es van posar a si mateixos unes descomunals retribucions a costa de tots . Els governs, és a dir, els contribuents, han pagat la factura. Kumhof i Rancière (2010), economistes de l’FMI, han destacat la desigualtat com a causa de la crisi, comparant les dues últimes grans crisis del capitalisme (1929 i 2007/2008); i la relacionen precisament amb el debilitament de la força dels sindicats. El debilitament de la negociació col·lectiva sumat a unes reformes fiscals regressives van produir, als Estats Units, en les dècades anteriors a l’esclat de les dues crisi una forta desviació en la distribució de la renda en benefici de la part de la població de majors ingressos (el 10 % i molt més encara per a l’1% més ric). Joseph Stiglitz (2012) analitza amb rigor la mútua interacció entre la desigualtat i el retrocés de la democràcia per generar la crisi. Els àmbits supranacionals amb poques regles i menys govern, és a dir amb nul·la democràcia, són els ideals perquè el capital financer i les empreses multinacionals imposen les seves regles i interessos. Però en els Estats nació, on els governs són escollits segons sistemes democràtics formals -lluny de la meva intenció contraposar allò formal a la realitat, parlant de democràcia, com no sigui per exigir ambdues qualitats-, mitjans de comunicació, thing tanks, lobbies i altres aparells ideològics tenen un paper vital per canviar les percepcions de la gent i fer que es governi al servei de les elits econòmiques i contra els interessos de les majories.
La gestió de la crisi per les institucions de la UE, sota l’hegemonia política del govern alemany i la ideològica de la seva economia política (mix de ordoliberalisme, economia neoclàssica i consens de Washington) no només ha estat ineficient i injusta, segons els seus resultats en termes de creixement, atur, pobresa i desigualtat, sinó que ha estat escandalosament antidemocràtica. Els suposats avenços en la governança europea, del Pacte per l’euro plus al nou Tractat (pacte fiscal), estan dissenyats, sobretot, per imposar l’austeritat, les reformes-retallades i la devaluació interna, i comporten -fons i forma es complementen- un clamorós dèficit democràtic. El cim de la manca de democràcia en la gestió de la crisi ha estat l’acció de troica en els països “rescatats”. Ho ha reconegut el president Juncker en una sorprenent confessió: “A la Comissió mai es va parlar de la troica i els seus mandats”. Llavors, qui va decidir imposar les seves brutals retallades que van violar constitucions, lleis o convenis fonamentals de l’OIT? El menyspreu pel compliment de les normes legals fonamentals és un dels trets més característics de la conducta antidemocràtica.
Si en la gènesi i el mal govern de la crisi estan la desigualtat i el dèficit democràtic, les seves conseqüències també deterioren les llibertats i la democràcia. D’una banda, han fet créixer fortament en molts països europeus corrents socials i polítiques d’extrema dreta, xenòfobes i antieuropees que suposen un perill real per a la democràcia (cal alegrar-se, i molt, que a Espanya siguin forces com Podem i Ciutadans les que “amenacen” l’establishment polític). De l’altra, patim la resposta autoritària dels governs a la protesta social motivada per la crisi. En autoritarisme, el govern del PP està al capdavant d’Europa (en el 2º lloc, probablement, després l’hongarès de Viktor Orbán). La “resurrecció” de l’article 315.3 del Codi Penal, contra el dret de vaga, i les lleis de seguretat ciutadana i de reforma del CP, contra els de reunió i manifestació i la llibertat d’expressió, són algunes de les seves accions més excepcionals contra la qualitat de la nostra democràcia.
Com a conclusió, diré que la sortida de la crisi i la construcció d’un model de creixement sostenible han de venir acompanyades d’un fort avanç, en la realitat social i política, dels valors de la igualtat i la llibertat; i de la capacitat de promoure mobilitzacions sindicals, socials i polítiques de caràcter supranacional i articular-les amb les que es produeixen en els àmbits nacionals. La lluita per la igualtat i la democràcia són avui, de nou, inseparables. Més capacitat de control democràtic de les institucions polítiques; més participació de la ciutadania en la vida política, inclosa la institucional; i la ruptura dels profunds llaços de mútua dependència entre les elits polítiques i econòmiques són les claus per avançar en la igualtat i la llibertat i per construir un ordre social, nacional i internacional, democràtic, just i sostenible.

Referències bibliogràfiques
  • Krugman, Paul (2012). “Acabad ya con esta crisis”. Ed. Crítica, Barcelona.
  • Kumhof, Michael y Rancière, Romain (2010). “Inequality, Leverage and Crises”. International Monetary Fund. Research Department, Washington.
  • Piketty, Thomas (2014). “El capital en el siglo XXI”. Fondo de Cultura Económica. México,D.F.
  • Stiglitz, Joseph E. (2012). “El precio de la desigualdad”. Santillana Ed.Gen.,Madrid.

lunes, 4 de mayo de 2015

La indecente desigualdad salarial

Ayer domingo publicaba El País un estudio de David Fernández sobre los aumentos salariales en 2014. Los datos más fiables son los que, elaborados por el autor, tienen como fuente los datos registrados por las empresas en la CNMV. Se corresponden con el total de empresas que cotizan en bolsa y con las grandes que lo hacen en el IBEX35. Si existe algún sesgo, es en el sentido de mitigar la desigualdad real por ocultación de alguna parte de las altísimas retribuciones de directivos y consejeros en lo informado a la CNMV.

El resultado del estudio muestra una realidad escandalosa e insostenible: la componente salarial de la desigualdad -no la única que opera, por supuesto, en el desolador panorama de la desigualdad en España- avanzó en 2014 a una velocidad de vértigo.

En el total de empresas cotizadas en bolsa, los salarios de los directivos crecieron como media en un 12,03%, hasta situarse en los 600.000 euros anuales. Los miembros de sus consejos de administración vieron aumentadas sus retribuciones nada menos que en un 17,56%, hasta alcanzar los 376.000 euros al año. Los trabajadores, sin embargo, vieron disminuidos sus salarios en un 0,64%.

En las grandes empresas del IBEX, la comparación es todavía más hiriente: sus directivos aumentaron sus retribuciones en un 12,14%, como término medio respecto a 2013, para rozar ya el millón de euros, 949.000 en concreto. Sus consejeros tuvieron un empujón mayor, nada menos que de un 24,11%, terminando en 612.000 euros anuales. Los trabajadores, a los que directivos y consejeros consideran sin duda completamente ajenos a la mejora de los beneficios de sus empresas, fueron castigados con una disminución del 1,04% de sus salarios.

En un solo año, de 2013 a 2014, el abanico entre los mejor pagados en las empresas del IBEX35 y la retribución media de sus empleados pasó de 75 veces más a ¡104 veces más!

Así no se puede continuar. En primer lugar, porque es una pura indecencia política y moral, que no puede sino destruir las bases de la cohesión de nuestra sociedad, un tal progreso de la desigualdad. Y en segundo, por hablar de algo que puede interesar algo a las élites económicas que no saben razonar en términos de justicia social, porque una desigualdad así va en contra de la productividad de sus empresas y, tal vez, incluso puede acabar provocado una rebelión social, lo cual sería bastante deseable por otro lado.

El próximo día siete habrá una nueva sesión de la agotadora ronda para un posible acuerdo intersectorial para la negociación colectiva. Por el momento, los directivos de la CEOE siguen negándose a que los salarios aumenten por encima del 1%. ¿Será porque a ellos no les han llegado un tal aluvión de prosperidad?


lunes, 20 de abril de 2015

Frente al autoritarismo: libertad e igualdad

Este artículo ha sido publicado en:

Público.es
http://blogs.publico.es/uno-mayo/2015/04/20/frente-al-autoritarismo-libertad-e-igualdad/ , y en

Nueva Tribuna.es
http://www.nuevatribuna.es/opinion/javier-doz/frente-autoritarismo-libertad-igualdad/20150420072419114941.html


La crisis financiera y económica que estalló en 2008, cuyas muy negativas consecuencias seguimos padeciendo en España y en Europa, ha producido mucho desempleo, mucha pobreza y mucha desigualdad, los factores que más definen la injusticia social. Pero también ha venido acompañada de una reacción autoritaria que erosiona las libertades y derechos de nuestros sistemas democráticos. 

En el actual renacimiento del autoritarismo han confluido, al menos, dos tipos de prácticas políticas. Por un lado, las que pretenden justificar la disminución o supresión de ciertos derechos democráticos -por ejemplo, la confidencialidad de las comunicaciones o el derecho a un juicio justo con garantías procesales- escudándose en la necesidad de luchar contra el terrorismo internacional, en su actual versión de signo yihadista. Por otro lado, las que hacen del recorte de los derechos y libertades un instrumento para combatir la protesta social. Si las primeras no ocultan sus objetivos e intenciones, las segundas procuran hacerlo mediante un discurso mistificador, en ocasiones incluso estableciendo ficticios lazos entre la protesta social y el terrorismo.

En ambos casos se da la circunstancia de que quienes preconizan o ejecutan estas prácticas de empobrecimiento de la democracia, o claramente antidemocráticas, son algunos de quienes más han contribuido con acciones y políticas equivocadas e injustas a favorecer el caldo de cultivo del terrorismo; o bien, a provocar un deterioro del bienestar de la mayoría y una más injusta distribución de la riqueza que justifican plenamente la protesta social.

No puedo dejar de pensar en los protagonistas de la foto de las Azores al reflexionar sobre la contribución de la insensata segunda Guerra de Iraq, y su no menos insensata posguerra, a la creación del Estado Islámico, que ocupa hoy buenas porciones de  territorio en Siria e Iraq, y ha arrebatado a Al Qaeda el liderazgo del yihadismo internacional. No negaré que el yihadismo sea hoy una amenaza muy seria a todas las libertades y derechos, empezando por los de la población – musulmana, cristiana o de otras confesiones- de los territorios que ocupan y terminando por la negación del derecho a vivir y a expresarse libremente de los humoristas de Charlie Hebdo o los universitarios keniatas. Pero al yihadismo hay que combatirle mediante la coordinación internacional de la acción de los servicios de inteligencia, policiales y judiciales, y aún por medios militares si resulta imprescindible, pero siempre dentro del respeto a la ley y a los derechos humanos. No se le combate con guantánamos o abughraibs. No se le combate aceptando dictaduras como la de Al-Sisi en Egipto mientras se racanea la ayuda económica al Túnez democrático. Estas conductas, incompatibles con los valores democráticos, refuerzan la capacidad del  yihadismo para reclutar nuevos partidarios. Lo mismo que el fracaso de las políticas de integración social de la población de origen inmigrante en los países europeos. Tampoco es aceptable para la salud de nuestras democracias la creación de sistemas de espionaje masivo de las comunicaciones telefónicas y por Internet, como los que ha puesto en funcionamiento la NSA, según la muy documentada denuncia de Edward Snowden, y que, sin control alguno judicial o parlamentario, acaban utilizándose para el espionaje político e industrial de los países amigos.

Pero el principal motor de las nuevas formas de autoritarismo que nos ha traído la crisis económica es la tradicional actitud de la ideología más conservadora que pretende combatir la justificada protesta social –contra las consecuencias de la crisis y su nefasta gestión política, productora de pobreza y desigualdad– con medidas represivas que implican un evidente recorte de derechos fundamentales.

No es un fenómeno que se esté dando sólo en España, pero en nuestro país y bajo el actual gobierno está alcanzando cotas muy preocupantes. Una de sus peores expresiones es el ataque al principal instrumento que tienen los trabajadores para enfrentarse a los recortes sociales y la devaluación salarial: el derecho de huelga. El modo de hacerlo ha sido la reactivación de un artículo del Código Penal, el 315.3, que permanecía peligrosamente "dormido", utilizando la peor de las interpretaciones posibles, la que confunde la legítima actuación de los piquetes de huelga con un atentado al “derecho al trabajo”. Ni el Gobierno ni la Fiscalía general han querido responsabilizarse de la masiva puesta en práctica del nuevo enfoque, pero son incapaces de explicar cómo sólo ha comenzado a aplicarse dicha interpretación del 315.3 ahora, en las huelgas contra la gestión de la crisis. Cerca de 300 sindicalistas, la mayoría de CC OO y UGT, han sido procesados, y algunos condenados ya, con peticiones de hasta ocho años de cárcel. El PP se ha negado a derogar esta disposición legal concebida contra el derecho de huelga en la reciente reforma del Código Penal.

La reforma del CP y la Ley de Seguridad Ciudadana ("Ley mordaza") suponen a juicio de muchas organizaciones sociales y defensoras de los derechos humanos un grave ataque a las libertades de expresión, reunión y manifestación. La ampliación de los supuestos de faltas y delitos, el aumento de la cuantía de las multas y de las penas, y la ampliación de los poderes del gobierno a costa de los que tenía el sistema judicial en numerosos supuestos, por actos relacionados con el ejercicio de tales libertades, difícilmente  pueden tener otro propósito que el de actuar contra las protestas sociales y atemorizar a los potenciales participantes en las mismas.

A las reformas legales hay que añadir las constantes actuaciones gubernativas en contra de protestas justas y pacíficas que han sido reprimidas con detenciones, identificaciones y multas. En el caso de los desahucios se pone de manifiesto el descarnado funcionamiento de un sistema injusto que quiere protegerse reforzando el autoritarismo: los bancos que provocaron la crisis y fueron rescatados con nuestro dinero promueven la pérdida de la vivienda de aquellos a los que dejaron sin empleo y que el Estado, por supuesto, no rescata; y a quienes se resisten civilmente a los desahucios se les detiene y multa gubernativamente, o se les procesa.

Entre las amenazas varias que afectan al mundo de la cultura y la comunicación, no podemos dejar de mencionar una que nunca ha quedado bien resuelta en democracia: la injerencia de los gobiernos, nacional y autonómicos, en el control de las televisiones públicas para ponerlas a su servicio en contra de la libertad y el pluralismo de la información a los que tienen derecho la ciudadanía que las financia.

De todas estas cosas se va a hablar el 23 de abril, a partir de las 19 horas, en los locales de Comisiones Obreras de Madrid de la calle Lope de Vega 38, en un acto organizado por la Fundación 1º de Mayo. En este año de elecciones, desde diversas plataformas sociales y políticas deberíamos contribuir a que la cuestión del deterioro de los derechos y libertades  democráticos entre de lleno en el debate electoral y a lograr de los partidos políticos compromisos para la derogación del artículo 315.3 del CP y de la Ley de Seguridad Ciudadana.


La respuesta democrática a la protesta social no debería ser otra que la promoción de la justicia social y la igualdad. El aumento de la desigualdad fue un factor determinante en la formación de las burbujas especulativas financiera e inmobiliaria que condujeron a la crisis. Y la crisis está haciendo crecer tendencias políticas autoritarias, que se ven acompañadas por corrientes sociales xenófobas y racistas. Por eso la lucha por la libertad y la igualdad son, hoy, inseparables.  Liberta e igualdad deben completarse con la solidaridad, versión moderna de la “fraternidad” que completaba la tríada de grandes objetivos de la Revolución francesa. Hay que actuar decididamente para combatir las peores consecuencias que la crisis económica y su mala gestión política han producido: el desempleo y la precariedad laboral, la pobreza y la desigualdad. Pero hay que hacerlo reforzando, además, los derechos y libertades de la ciudadanía, y promoviendo los mayores niveles posibles de participación de la ciudadanía en la gestión de los asuntos públicos. 

viernes, 3 de abril de 2015

Nueva falacia sobre Grecia

Uno de los argumentos recurrentes entre los comentaristas políticos que pretenden mostrarse más comprensivos (supuestamente) con la situación del pueblo griego e, incluso, con el gobierno de Syriza, aún desde la distancia ideológica, es la de que están siendo las supuestas torpezas de Varoufakis y Tsipras las que están impidiendo llegar a un acuerdo con el gobierno de Grecia en el seno del Eurogrupo

Para los propagadores de esta enorme falacia, el gobierno alemán, el BCE y los demás gobiernos que les han secundado en la imposición de las destructivas condiciones de los rescates griegos (y de las demás acciones de las políticas de austeridad, devaluación interna y reformas/recortes estructurales que viene sufriendo Europa desde 2010) estarían poco menos que deseosos de enterrarlas definitivamente, reconociendo así su error y su voluntad de cambiar el rumbo de las políticas.¡Y es la arrogancia y radicalidad de los líderes de Syriza lo que les está impidiendo hacerlo! 

¿Como se puede sostener algo tan inconsistente? Que lo hagan algunos no me extraña, pero que lo afirmen otros -otrora lúcidos- sí me desconcierta. ¿Efecto del prejuicio ideológico?

viernes, 20 de marzo de 2015

Para derrotar a Syriza están dispuestos a destruir la UE


Publicado en  Nuevatribuna

http://www.nuevatribuna.es/articulo/europa1/derrotar-syriza-estan-dispuestos-destruir-ue/20150320145003113884.html

Los mismos responsables de ese gran fracaso económico y social que ha sido y es la gestión de la crisis en Europa están empezando a mostrar que con tal de derrotar políticamente al único partido que, con responsabilidades de Gobierno, pone en cuestión sus políticas -Syryza- no les importa hacer entrar a la UE en un camino que puede llevar a su destrucción. 

En la mañana del viernes 20, segundo día de la cumbre del Consejo Europeo, nos desayunamos con la noticia del fracaso de la reunión de la "minicumbre" del Consejo que ha reunido a Merkel, Hollande y los máximos responsables de todas las instituciones de la UE con Alexis Tsipras. Los presidentes del Consejo, la Comisión y el Eurogrupo han sido los encargados de formular en una breve nota, escrita en los habituales términos ambiguos y diplomáticos, lo que los portavoces oficiosos han transmitido a la prensa como un nuevo ultimatum al gobierno griego: o se presenta, en los próximos días, una "lista completa de reformas específicas" o los fondos prometidos en la reunión del Eurogrupo del 20 de febrero no se librarán a Grecia. Esto  significaría la suspensión de pagos y, en la mentalidad de un número creciente de irresponsables mandatarios europeos, la salida de Grecia del euro.

Además, los filtradores habituales han distribuido a los medios de comunicación una nota interna del Eurogrupo en la que se acusa al gobierno griego de nada menos que "torpedear el acuerdo para ampliar el rescate". Los argumentos principales esgrimidos para justificar tal aserto no tienen desperdicio: se le acusa de maltratar a los funcionarios de la troika por pretender que las negociaciones se produzcan a nivel político, y de aprobar una ley para paliar la grave crisis humanitaria sin haberla consultado con ellos.

Es decir, pocos días después de las "confesiones de Jean Claude Juncker" en las que el presidente de la Comisión afirmó que habría que pedir perdón a los pueblos griego, portugués e irlandés porque la troika "había ofendido a su dignidad" mandando a simples funcionarios a negociar con ministros de sus gobiernos y, lo que es mucho más grave aún, reconoció que esos funcionarios no tenían ningún mandato de la Comisión Europea porque en las reuniones del Colegio de Comisarios "nunca se habló de la troika", el Eurogrupo transforma en amenaza los plañideros argumentos de los "hombres de negro".

Pero lo que pone más de manifiesto el nivel de insensibilidad política y moral de los responsables del Eurogrupo es su pretensión de convertir en motivo de denuncia que el gobierno griego haya aprobado una ley para paliar el estado de emergencia humanitaria, actuando así contra los significativos focos de hambre y frío que sufren los sectores más desfavorecidos de su población y contra la exclusión de la asistencia sanitaria de la seguridad social de los tres millones de griegos más pobres. Lo que quieren ocultar los responsables políticos de las instituciones de la UE y de los gobiernos nacionales -de Merkel a Rajoy pasando por casi todos los demás-, cuando reiteran una y otra vez que lo que tiene que hacer Grecia es "cumplir sus compromisos", es que buena parte de dichos compromisos son los que directamente o indirectamente han llevado a esa situación de emergencia humanitaria. 

Porque entre los compromisos que figuran en los memorandos que la troika impuso a Grecia están la exclusión sanitaria de casi un tercio de la población griega, la anulación de los convenios colectivos y la rebaja unilateral de los salarios -violando la Carta de Derechos Fundamentales de la UE y los convenios fundamentales de la OIT-, por no hablar de una política fiscal cuyas consecuencias no podían ser otras que el hundimiento de la economía griega y el agravamiento del problema de la deuda. Esto es lo que quieren obligar a mantener al gobierno de Syriza, quienes le denuncian por preocuparse de paliar la situación de los griegos que pasan hambre y frío y no pueden acudir a un hospital de la Seguridad Social.

Pero las confesiones de Juncker permiten ir, a mi juicio, más allá del refuerzo de los argumentos de denuncia sobre la ilegitimidad de un organismo, la troika, que no tiene soporte legal alguno en los tratados de la UE, ilegitimidad que se proyecta sobre sus actos, es decir, sobre los compromisos impuestos a gobiernos legítimos. Sus confesiones cuestionan la legalidad misma de los actos. ¿Son legales los actos aprobados en nombre de la Comisión Europea cuando estos no son ni siquiera tratados por ella ni existe, por lo tanto, acta alguna que refrende los mandatos que ejecutaron según su libre albedrío sus altos funcionarios?

Todas estas cuestiones parecen importar poco al numeroso plantel de políticos europeos, capitaneados por quienes mandan de verdad en Europa -Merkel y Schäuble-, que, ante todo, no quieren que el gobierno de Syriza pueda ponerles en evidencia del fracaso en su gestión de la crisis, evidencia constatada por los hechos y por las opiniones de muchos académicos y expertos nada sospechosos de izquierdismo. Y menos aún -y esto se palpa en las posiciones más enconadas contra Grecia que adoptan primeros ministros como Rajoy o Passos Coelho- que los logros de Syriza en favor del pueblo griego, pero también en favor de una proyecto de UE distinto del neoliberal vigente pero absolutamente agotado, les pasen factura en las próximas elecciones políticas y promuevan el progreso de un nueva izquierda europea.

El problema de Grecia es pues, a mi juicio, esencialmente político. Nadie puede afirmar seriamente que Grecia pueda pagar una deuda del 175% de su PIB. Ningún analista riguroso puede dejar de responsabilizar a las políticas de austeridad de que dicha deuda haya aumentado tan fuertemente desde que estas políticas se aplican (en 2009, la deuda pública griega era del 129% del PIB y en 2012 tuvo una quita del 52% de su valor nominal). Es más, todos los responsables políticos y económicos de la UE tienen a su disposición un informe que fue hecho público en Tokio, en octubre de 2012, en el que se concluía, tras un exhaustivo análisis de las crisis financieras y económicas que se han producido en el mundo desde finales del siglo XIX, que siempre que se habían aplicado frente a ellas políticas monetarias y fiscales restrictivas (austeridad) los resultado habían sido contraproducentes y la recesión se había profundizado y prolongado. Por el contrario, en los casos en los que las políticas monetaria y fiscal habían sido expansivas, promoviendo el crecimiento de demanda interna, los resultados habían sido positivos. Paradojas de la vida, el informe fue elaborado por economistas  de un miembro de la troika, el FMI,  y presentado en la conferencia de otoño de dicho organismo internacional.

Quienes, para evitar que Syriza pueda sacar adelante su programa en beneficio del pueblo griego y de los demás pueblos de Europa, están dispuestos a propiciar la salida de Grecia del euro son los auténticos irresponsables en este nuevo acto de un viejo y dramático guión. Lo serán por la inestabilidad financiera que su decisión generará sin duda y que empezará a sentirse inmediatamente después en países como Portugal, Irlanda, España e Italia, y por las consecuencias que la inestabilidad transmite a la economía real. 

Y también serán responsables de la agudización de la crisis política que vive la UE y que puede llevar a su destrucción. Esta crisis política tiene entre sus síntomas la desconfianza mayoritaria y creciente de la ciudadanía europea en la UE y sus instituciones, y el ascenso de partidos políticos nacionalistas, de extrema derecha y euroescépticos en numerosos países. A estos partidos la expulsión de Grecia del euro y de la UE les daría alas. Pero los fundamentos profundos de la crisis política de la UE están en la mala gestión de la crisis financiera y económica, el desprecio de sus consecuencias sociales -entre ellas la pobreza y la desigualdad- y el consiguiente deterioro grave del modelo social europeo, y el carácter escasamente democrático del funcionamiento de las instituciones de la UE.

A los responsables políticos de la UE y de los gobiernos nacionales, pertenecientes a las grandes corrientes que hasta hoy han protagonizado el proyecto europeo pero que también lo han llevado hasta la profunda crisis que padece, no se les puede escapar, y menos aún cuando acabamos de salir del centenario de 1914, que nada ni nadie pueden garantizar que lo peor no ocurra en política, máxime cuando los actores del drama carecen de unos objetivos bien definidos y de una estrategia clara.

Y esto es lo que les ocurre a quienes consideran que hoy lo prioritario es que Syriza no se salga con la suya. Lo pueden hacer sí, pero asumirán el riesgo de que sea a costa de la destrucción de la UE. Porque para muchos ciudadanos europeos esta sería la gota que culminaría el vaso. ¡Hay que pararles los pies!


martes, 24 de febrero de 2015

Grecia: las espadas siguen en alto

Está claro que la oposición a que el Gobierno griego pueda modificar sustancialmente las condiciones del rescate es política e ideológica. No se basa en razones de racionalidad económica. El gobierno alemán y las élites políticas europeas de centro derecha y centro izquierda verían así desautorizada su nefasta gestión de la crisis y la izquierda europea podría ganar elecciones en algunos países. 

El pacto que el gobierno griego de Syriza acaba de alcanzar en el seno del Eurogrupo incluye concesiones. ¡Como no! ¿Quien podría pensar que el gobierno alemán, el Eurogrupo, la Comisión Europea y los gobiernos subordinados iban a protagonizar una ceremonia colectiva de harakiri político frente a sus adversarios y ante sus opiniones públicas?. Por eso, sus portavoces y la mayoría de los medios que les siguen están muy interesados en proyectar una imagen de inequívoco fracaso de Tsipras y Varoufakis. Pero no se podría hablar de fracaso si el gobierno griego consigue que sus propuestas de reforma sean aprobadas por el Eurogrupo. Porque dicha lista de reformas incluye: reforma fiscal y plan de lucha contra el fraude fiscal; reforma de la administración; programa anticorrupción; programa de emergencia contra el hambre y la pobreza energética; cobertura sanitaria para los tres millones de personas, los más desfavorecidos, que la troika excluyó de la cobertura sanitaria de la seguridad social, etc.

Si no se lo aceptan, las élites políticas europeas se retratarían descarnadamente, por mucha manipulación informativa que ensayasen. Quedaría claro que lo que más les interesa son los aspectos más antisociales de una política de devaluación interna que quieren prolongar, si no profundizar. Syriza habría abierto así una brecha en el frente de la gestión neoliberal de la crisis europea. Aunque claro, las espadas seguiría en alto, en la negociación de una solución de fondo en los próximos cuatro meses. 

Los gobiernos italiano y francés intentan compatibilizar su interés objetivo en que se de una salida a Grecia, fuera del austericidio, con su incapacidad para plantear una alternativa política al neoliberalismo alemán y su temor al ascenso de una alternativa europea a la izquierda dela socialdemocracia. El problema, no imposible de resolver, son las dificultades para lograr esa construcción. El sindicalismo europeo, la Confederación Europea de Sindicatos, deberían jugar un papel en la creación de un nuevo escenario político europeo. Desde la autonomía sindical, por supuesto. Aspirando también a ayudar a la socialdemocracia a salir del callejón sin salida en el que está, en beneficio de todos, porque no se puede olvidar que en las sociedades democráticas para las grandes transformaciones se necesitan grandes mayorías. 

sábado, 21 de febrero de 2015

Grecia y Europa, una vez más

Publicado en:  Revista de Estudios y Cultura 68 
                           (Fundación 1º de Mayo) 
  
http://www.1mayo.ccoo.es/nova/NNws_ShwNewDup?codigo=4708&cod_primaria=1158&cod_secundaria=1158#.VOhYTnyG8rg

                  
En el momento de salir este número no se ha resuelto todavía la primera fase de la nueva crisis griega, con el euro y la UE una vez más al borde del abismo. El gobierno alemán y la mayoría de los europeos, con pocos matices y excepciones, siguen exigiendo que la prórroga del rescate, aceptada por el gobierno de Syriza si se cambian algunas condiciones, sea aplicada con todas ellas. En una nueva ceremonia de manipulación, a la que contribuyen la mayoría de los grandes medios de comunicación, se transmite sólo un mensaje: los deudores tienen que cumplir todos sus compromisos si quieren obtener de los acreedores algo de generosidad en el futuro. Algunos van más allá, como el gobierno de España, y, olvidándose de los intereses nacionales, se apuntan al núcleo duro de la posición alemana e intentan azuzar los sentimientos nacionalistas con mentiras xenófobas del calibre de que si no fuera por los 26.000 millones que le prestamos a Grecia no hubieran habido  recortes apenas y hasta se hubieran podido expandir algunas de las grandes partidas del gasto social.
La realidad es otra muy distinta. España –al igual que los demás Estados de la UE– sólo avaló el préstamo del MEDE y la propuesta del gobierno griego garantizaría que dicho aval no se ejecutase. Pero lo que prima es el sectarismo político y la necesidad de castigar a un gobierno que ha tenido la osadía de decir que la política de austeridad y la gestión alemana de la crisis han sido un desastre para Grecia y para Europa, y que hay que cambiarlas ya. Todos los analistas inteligentes, incluidos los del FMI y la OCDE, lo reconocen así y consideran que la deuda griega es impagable y hay que reestructurarla.
Lo que se pretende ocultar es que las condiciones alemanas impedirían al gobierno griego aplicar su programa de emergencia, es decir le impedirían actuar para que cientos de miles de familias griegas no pasasen hambre y frío y para que los tres millones de personas –las más necesitadas– excluidas de la asistencia sanitaria de la seguridad social volvieran a tenerla. Nuevo y gran ejemplo del modo intolerable e inmoral de gobernar Europa. Esto lo ha reconocido el propio Jean Claude Juncker  declarando que la actuación de la troika ha atacado la dignidad de griegos, portugueses e irlandeses. Entramos en el campo del surrealismo cuando escuchamos la contestación del Ministro de la Presidencia de Portugal diciendo que no, que la troika ha tratado bien a Portugal. Y en el del psicoanálisis si recordamos que Juncker era el jefe del Eurogrupo que impuso el rescate a Grecia y el primer ministro de Luxemburgo que promovió el fraude fiscal de las empresas multinacionales. Pero lo más interesante de las decla­raciones de este cínico político europeo es la afirmación de que sólo ahora la Comisión Europea discute sobre la troika. Sabíamos que la troika era un organismo sin base legal alguna en el entramado jurídico de la UE, lo que no nos podíamos imaginar es que quienes tomaban las decisiones en nombre del “gobierno europeo” eran unos simples funcionarios. Esto es un hito insuperable de conducta antidemocrática.
El gobierno español, guiado principalmente por el miedo a que una victoria de Syriza sirva de incentivo de voto a Podemos y otras opciones de izquierda, pretende que olvidemos los daños que el austericidio ha producido en nuestra economía y nuestra sociedad. También pretende que no nos percatemos de que la falta de una solución realista y justa al nuevo episodio agudo de la crisis griega abriría una nueva fase de inestabilidad financiera, con España e Italia en la primera línea de daños.
Es posible, y deseable, que las tácticas negociadoras inspiradas en Sansón y los filisteos no lleguen a sus últimas consecuencias. Pero de nuevo nos encontraremos previsiblemente con una solución medio mala que dejaría sin resolver los problemas de fondo y sólo ganaría tiempo. Es decir, no caerían el euro y la UE en el abismo pero la UE continuaría profundizándo su crisis política, el profundo deterioro del proyecto político más importante del Siglo XX.
Una breve nota sobre la conducta de la socialdemocracia europea. Con algunos matices por parte de los gobiernos francés e italiano, los partidos socialistas en el gobierno o en la oposición, o bien se han alineado con la posición ultraconservadora del gobierno alemán, como el SPD, o bien han procurado pasar sobre ascuas sobre el tema, como es el caso del PSOE, renunciando
–una vez más en esta larguísima crisis– a plantear cualquier alternativa de izquierdas al evidente mal gobierno de esta crisis por parte de la derecha europea.
El sindicalismo europeo está criticando con firmeza la posición del Consejo Europeo y del Eurogrupo. Hay que incluir al sindicalismo alemán. Los responsables de la DGB y de sus principales federaciones han publicado una carta abierta de denuncia de este nuevo ataque al pueblo griego por parte de las instituciones europeas. Pero las palabras no bastan. Sería necesario, a mi juicio, que los sindicatos europeos y la CES promovieran una gran movilización, junto con otras fuerzas sociales y políticas, en apoyo del pueblo griego y por un nuevo proyecto político para la UE más democrático, solidario y socialmente avanzado que este que se está diluyendo entre las manos de unos políticos de muy cortas miras.