viernes, 20 de marzo de 2015

Para derrotar a Syriza están dispuestos a destruir la UE


Publicado en  Nuevatribuna

http://www.nuevatribuna.es/articulo/europa1/derrotar-syriza-estan-dispuestos-destruir-ue/20150320145003113884.html

Los mismos responsables de ese gran fracaso económico y social que ha sido y es la gestión de la crisis en Europa están empezando a mostrar que con tal de derrotar políticamente al único partido que, con responsabilidades de Gobierno, pone en cuestión sus políticas -Syryza- no les importa hacer entrar a la UE en un camino que puede llevar a su destrucción. 

En la mañana del viernes 20, segundo día de la cumbre del Consejo Europeo, nos desayunamos con la noticia del fracaso de la reunión de la "minicumbre" del Consejo que ha reunido a Merkel, Hollande y los máximos responsables de todas las instituciones de la UE con Alexis Tsipras. Los presidentes del Consejo, la Comisión y el Eurogrupo han sido los encargados de formular en una breve nota, escrita en los habituales términos ambiguos y diplomáticos, lo que los portavoces oficiosos han transmitido a la prensa como un nuevo ultimatum al gobierno griego: o se presenta, en los próximos días, una "lista completa de reformas específicas" o los fondos prometidos en la reunión del Eurogrupo del 20 de febrero no se librarán a Grecia. Esto  significaría la suspensión de pagos y, en la mentalidad de un número creciente de irresponsables mandatarios europeos, la salida de Grecia del euro.

Además, los filtradores habituales han distribuido a los medios de comunicación una nota interna del Eurogrupo en la que se acusa al gobierno griego de nada menos que "torpedear el acuerdo para ampliar el rescate". Los argumentos principales esgrimidos para justificar tal aserto no tienen desperdicio: se le acusa de maltratar a los funcionarios de la troika por pretender que las negociaciones se produzcan a nivel político, y de aprobar una ley para paliar la grave crisis humanitaria sin haberla consultado con ellos.

Es decir, pocos días después de las "confesiones de Jean Claude Juncker" en las que el presidente de la Comisión afirmó que habría que pedir perdón a los pueblos griego, portugués e irlandés porque la troika "había ofendido a su dignidad" mandando a simples funcionarios a negociar con ministros de sus gobiernos y, lo que es mucho más grave aún, reconoció que esos funcionarios no tenían ningún mandato de la Comisión Europea porque en las reuniones del Colegio de Comisarios "nunca se habló de la troika", el Eurogrupo transforma en amenaza los plañideros argumentos de los "hombres de negro".

Pero lo que pone más de manifiesto el nivel de insensibilidad política y moral de los responsables del Eurogrupo es su pretensión de convertir en motivo de denuncia que el gobierno griego haya aprobado una ley para paliar el estado de emergencia humanitaria, actuando así contra los significativos focos de hambre y frío que sufren los sectores más desfavorecidos de su población y contra la exclusión de la asistencia sanitaria de la seguridad social de los tres millones de griegos más pobres. Lo que quieren ocultar los responsables políticos de las instituciones de la UE y de los gobiernos nacionales -de Merkel a Rajoy pasando por casi todos los demás-, cuando reiteran una y otra vez que lo que tiene que hacer Grecia es "cumplir sus compromisos", es que buena parte de dichos compromisos son los que directamente o indirectamente han llevado a esa situación de emergencia humanitaria. 

Porque entre los compromisos que figuran en los memorandos que la troika impuso a Grecia están la exclusión sanitaria de casi un tercio de la población griega, la anulación de los convenios colectivos y la rebaja unilateral de los salarios -violando la Carta de Derechos Fundamentales de la UE y los convenios fundamentales de la OIT-, por no hablar de una política fiscal cuyas consecuencias no podían ser otras que el hundimiento de la economía griega y el agravamiento del problema de la deuda. Esto es lo que quieren obligar a mantener al gobierno de Syriza, quienes le denuncian por preocuparse de paliar la situación de los griegos que pasan hambre y frío y no pueden acudir a un hospital de la Seguridad Social.

Pero las confesiones de Juncker permiten ir, a mi juicio, más allá del refuerzo de los argumentos de denuncia sobre la ilegitimidad de un organismo, la troika, que no tiene soporte legal alguno en los tratados de la UE, ilegitimidad que se proyecta sobre sus actos, es decir, sobre los compromisos impuestos a gobiernos legítimos. Sus confesiones cuestionan la legalidad misma de los actos. ¿Son legales los actos aprobados en nombre de la Comisión Europea cuando estos no son ni siquiera tratados por ella ni existe, por lo tanto, acta alguna que refrende los mandatos que ejecutaron según su libre albedrío sus altos funcionarios?

Todas estas cuestiones parecen importar poco al numeroso plantel de políticos europeos, capitaneados por quienes mandan de verdad en Europa -Merkel y Schäuble-, que, ante todo, no quieren que el gobierno de Syriza pueda ponerles en evidencia del fracaso en su gestión de la crisis, evidencia constatada por los hechos y por las opiniones de muchos académicos y expertos nada sospechosos de izquierdismo. Y menos aún -y esto se palpa en las posiciones más enconadas contra Grecia que adoptan primeros ministros como Rajoy o Passos Coelho- que los logros de Syriza en favor del pueblo griego, pero también en favor de una proyecto de UE distinto del neoliberal vigente pero absolutamente agotado, les pasen factura en las próximas elecciones políticas y promuevan el progreso de un nueva izquierda europea.

El problema de Grecia es pues, a mi juicio, esencialmente político. Nadie puede afirmar seriamente que Grecia pueda pagar una deuda del 175% de su PIB. Ningún analista riguroso puede dejar de responsabilizar a las políticas de austeridad de que dicha deuda haya aumentado tan fuertemente desde que estas políticas se aplican (en 2009, la deuda pública griega era del 129% del PIB y en 2012 tuvo una quita del 52% de su valor nominal). Es más, todos los responsables políticos y económicos de la UE tienen a su disposición un informe que fue hecho público en Tokio, en octubre de 2012, en el que se concluía, tras un exhaustivo análisis de las crisis financieras y económicas que se han producido en el mundo desde finales del siglo XIX, que siempre que se habían aplicado frente a ellas políticas monetarias y fiscales restrictivas (austeridad) los resultado habían sido contraproducentes y la recesión se había profundizado y prolongado. Por el contrario, en los casos en los que las políticas monetaria y fiscal habían sido expansivas, promoviendo el crecimiento de demanda interna, los resultados habían sido positivos. Paradojas de la vida, el informe fue elaborado por economistas  de un miembro de la troika, el FMI,  y presentado en la conferencia de otoño de dicho organismo internacional.

Quienes, para evitar que Syriza pueda sacar adelante su programa en beneficio del pueblo griego y de los demás pueblos de Europa, están dispuestos a propiciar la salida de Grecia del euro son los auténticos irresponsables en este nuevo acto de un viejo y dramático guión. Lo serán por la inestabilidad financiera que su decisión generará sin duda y que empezará a sentirse inmediatamente después en países como Portugal, Irlanda, España e Italia, y por las consecuencias que la inestabilidad transmite a la economía real. 

Y también serán responsables de la agudización de la crisis política que vive la UE y que puede llevar a su destrucción. Esta crisis política tiene entre sus síntomas la desconfianza mayoritaria y creciente de la ciudadanía europea en la UE y sus instituciones, y el ascenso de partidos políticos nacionalistas, de extrema derecha y euroescépticos en numerosos países. A estos partidos la expulsión de Grecia del euro y de la UE les daría alas. Pero los fundamentos profundos de la crisis política de la UE están en la mala gestión de la crisis financiera y económica, el desprecio de sus consecuencias sociales -entre ellas la pobreza y la desigualdad- y el consiguiente deterioro grave del modelo social europeo, y el carácter escasamente democrático del funcionamiento de las instituciones de la UE.

A los responsables políticos de la UE y de los gobiernos nacionales, pertenecientes a las grandes corrientes que hasta hoy han protagonizado el proyecto europeo pero que también lo han llevado hasta la profunda crisis que padece, no se les puede escapar, y menos aún cuando acabamos de salir del centenario de 1914, que nada ni nadie pueden garantizar que lo peor no ocurra en política, máxime cuando los actores del drama carecen de unos objetivos bien definidos y de una estrategia clara.

Y esto es lo que les ocurre a quienes consideran que hoy lo prioritario es que Syriza no se salga con la suya. Lo pueden hacer sí, pero asumirán el riesgo de que sea a costa de la destrucción de la UE. Porque para muchos ciudadanos europeos esta sería la gota que culminaría el vaso. ¡Hay que pararles los pies!


martes, 24 de febrero de 2015

Grecia: las espadas siguen en alto

Está claro que la oposición a que el Gobierno griego pueda modificar sustancialmente las condiciones del rescate es política e ideológica. No se basa en razones de racionalidad económica. El gobierno alemán y las élites políticas europeas de centro derecha y centro izquierda verían así desautorizada su nefasta gestión de la crisis y la izquierda europea podría ganar elecciones en algunos países. 

El pacto que el gobierno griego de Syriza acaba de alcanzar en el seno del Eurogrupo incluye concesiones. ¡Como no! ¿Quien podría pensar que el gobierno alemán, el Eurogrupo, la Comisión Europea y los gobiernos subordinados iban a protagonizar una ceremonia colectiva de harakiri político frente a sus adversarios y ante sus opiniones públicas?. Por eso, sus portavoces y la mayoría de los medios que les siguen están muy interesados en proyectar una imagen de inequívoco fracaso de Tsipras y Varoufakis. Pero no se podría hablar de fracaso si el gobierno griego consigue que sus propuestas de reforma sean aprobadas por el Eurogrupo. Porque dicha lista de reformas incluye: reforma fiscal y plan de lucha contra el fraude fiscal; reforma de la administración; programa anticorrupción; programa de emergencia contra el hambre y la pobreza energética; cobertura sanitaria para los tres millones de personas, los más desfavorecidos, que la troika excluyó de la cobertura sanitaria de la seguridad social, etc.

Si no se lo aceptan, las élites políticas europeas se retratarían descarnadamente, por mucha manipulación informativa que ensayasen. Quedaría claro que lo que más les interesa son los aspectos más antisociales de una política de devaluación interna que quieren prolongar, si no profundizar. Syriza habría abierto así una brecha en el frente de la gestión neoliberal de la crisis europea. Aunque claro, las espadas seguiría en alto, en la negociación de una solución de fondo en los próximos cuatro meses. 

Los gobiernos italiano y francés intentan compatibilizar su interés objetivo en que se de una salida a Grecia, fuera del austericidio, con su incapacidad para plantear una alternativa política al neoliberalismo alemán y su temor al ascenso de una alternativa europea a la izquierda dela socialdemocracia. El problema, no imposible de resolver, son las dificultades para lograr esa construcción. El sindicalismo europeo, la Confederación Europea de Sindicatos, deberían jugar un papel en la creación de un nuevo escenario político europeo. Desde la autonomía sindical, por supuesto. Aspirando también a ayudar a la socialdemocracia a salir del callejón sin salida en el que está, en beneficio de todos, porque no se puede olvidar que en las sociedades democráticas para las grandes transformaciones se necesitan grandes mayorías. 

sábado, 21 de febrero de 2015

Grecia y Europa, una vez más

Publicado en:  Revista de Estudios y Cultura 68 
                           (Fundación 1º de Mayo) 
  
http://www.1mayo.ccoo.es/nova/NNws_ShwNewDup?codigo=4708&cod_primaria=1158&cod_secundaria=1158#.VOhYTnyG8rg

                  
En el momento de salir este número no se ha resuelto todavía la primera fase de la nueva crisis griega, con el euro y la UE una vez más al borde del abismo. El gobierno alemán y la mayoría de los europeos, con pocos matices y excepciones, siguen exigiendo que la prórroga del rescate, aceptada por el gobierno de Syriza si se cambian algunas condiciones, sea aplicada con todas ellas. En una nueva ceremonia de manipulación, a la que contribuyen la mayoría de los grandes medios de comunicación, se transmite sólo un mensaje: los deudores tienen que cumplir todos sus compromisos si quieren obtener de los acreedores algo de generosidad en el futuro. Algunos van más allá, como el gobierno de España, y, olvidándose de los intereses nacionales, se apuntan al núcleo duro de la posición alemana e intentan azuzar los sentimientos nacionalistas con mentiras xenófobas del calibre de que si no fuera por los 26.000 millones que le prestamos a Grecia no hubieran habido  recortes apenas y hasta se hubieran podido expandir algunas de las grandes partidas del gasto social.
La realidad es otra muy distinta. España –al igual que los demás Estados de la UE– sólo avaló el préstamo del MEDE y la propuesta del gobierno griego garantizaría que dicho aval no se ejecutase. Pero lo que prima es el sectarismo político y la necesidad de castigar a un gobierno que ha tenido la osadía de decir que la política de austeridad y la gestión alemana de la crisis han sido un desastre para Grecia y para Europa, y que hay que cambiarlas ya. Todos los analistas inteligentes, incluidos los del FMI y la OCDE, lo reconocen así y consideran que la deuda griega es impagable y hay que reestructurarla.
Lo que se pretende ocultar es que las condiciones alemanas impedirían al gobierno griego aplicar su programa de emergencia, es decir le impedirían actuar para que cientos de miles de familias griegas no pasasen hambre y frío y para que los tres millones de personas –las más necesitadas– excluidas de la asistencia sanitaria de la seguridad social volvieran a tenerla. Nuevo y gran ejemplo del modo intolerable e inmoral de gobernar Europa. Esto lo ha reconocido el propio Jean Claude Juncker  declarando que la actuación de la troika ha atacado la dignidad de griegos, portugueses e irlandeses. Entramos en el campo del surrealismo cuando escuchamos la contestación del Ministro de la Presidencia de Portugal diciendo que no, que la troika ha tratado bien a Portugal. Y en el del psicoanálisis si recordamos que Juncker era el jefe del Eurogrupo que impuso el rescate a Grecia y el primer ministro de Luxemburgo que promovió el fraude fiscal de las empresas multinacionales. Pero lo más interesante de las decla­raciones de este cínico político europeo es la afirmación de que sólo ahora la Comisión Europea discute sobre la troika. Sabíamos que la troika era un organismo sin base legal alguna en el entramado jurídico de la UE, lo que no nos podíamos imaginar es que quienes tomaban las decisiones en nombre del “gobierno europeo” eran unos simples funcionarios. Esto es un hito insuperable de conducta antidemocrática.
El gobierno español, guiado principalmente por el miedo a que una victoria de Syriza sirva de incentivo de voto a Podemos y otras opciones de izquierda, pretende que olvidemos los daños que el austericidio ha producido en nuestra economía y nuestra sociedad. También pretende que no nos percatemos de que la falta de una solución realista y justa al nuevo episodio agudo de la crisis griega abriría una nueva fase de inestabilidad financiera, con España e Italia en la primera línea de daños.
Es posible, y deseable, que las tácticas negociadoras inspiradas en Sansón y los filisteos no lleguen a sus últimas consecuencias. Pero de nuevo nos encontraremos previsiblemente con una solución medio mala que dejaría sin resolver los problemas de fondo y sólo ganaría tiempo. Es decir, no caerían el euro y la UE en el abismo pero la UE continuaría profundizándo su crisis política, el profundo deterioro del proyecto político más importante del Siglo XX.
Una breve nota sobre la conducta de la socialdemocracia europea. Con algunos matices por parte de los gobiernos francés e italiano, los partidos socialistas en el gobierno o en la oposición, o bien se han alineado con la posición ultraconservadora del gobierno alemán, como el SPD, o bien han procurado pasar sobre ascuas sobre el tema, como es el caso del PSOE, renunciando
–una vez más en esta larguísima crisis– a plantear cualquier alternativa de izquierdas al evidente mal gobierno de esta crisis por parte de la derecha europea.
El sindicalismo europeo está criticando con firmeza la posición del Consejo Europeo y del Eurogrupo. Hay que incluir al sindicalismo alemán. Los responsables de la DGB y de sus principales federaciones han publicado una carta abierta de denuncia de este nuevo ataque al pueblo griego por parte de las instituciones europeas. Pero las palabras no bastan. Sería necesario, a mi juicio, que los sindicatos europeos y la CES promovieran una gran movilización, junto con otras fuerzas sociales y políticas, en apoyo del pueblo griego y por un nuevo proyecto político para la UE más democrático, solidario y socialmente avanzado que este que se está diluyendo entre las manos de unos políticos de muy cortas miras.

martes, 17 de febrero de 2015

No es sólo Grecia, es el futuro de la Unión Europea




Comienza la semana decisiva para saber si el gobierno alemán va a continuar imponiendo a toda Europa su diktat, es decir las condiciones leoninas del rescate a Grecia y la continuidad de las políticas de austeridad, reformas (recortes estructurales) y devaluación interna de los países endeudados.

Por lo que sabemos de la reunión del Eurogrupo del día de hoy así parece. Wolfgang Schäuble vetó un preacuerdo en torno a una resolución que Moscovici y Varufakis habían pactado y la reunión terminó sin acuerdo alguno y con un ultimatum del Eurogrupo a Grecia para que acepte en cuatro días la prórroga del rescate. 

Los gobiernos socialdemócratas se plegaron, como siempre, a la presión alemana. Los gobiernos más conservadores del Sur, como el español y el portugués, se alinearon, como venían aireando en los últimos días, en el frente de la dureza contra Grecia. En el de la dureza, el sectarismo político y la estupidez y el olvido de los intereses nacionales. Porque lejos de ser cierto que España se vería perjudicada por la posición griega, España sí se verá perjudicada por los que pueden promover una muy sería inestabilidad financiera en toda Europa -que afectaría muy en particular a España, Italia y Portugal- con tal de castigar la osadía de un Gobierno que quiere cumplir con la voluntad de los ciudadanos que le han votado, sin dejar de responsabilizarse de sus compromisos con sus socios. 

el gobierno de Rajoy también va en contra de los intereses españoles al apostar por la continuidad de la política alemana para la gestión de la crisis que ha sido un completo fracaso. Resulta intolerable que se haga pura propaganda xenófoba diciendo que están defendiendo la devolución de los 26.000 millones que España prestó a Grecia. Porque España sólo avaló esa cantidad que prestó efectivamente el Mecanismo de Estabilidad Financiera, y la propuesta del gobierno griego de conversión de su deuda en deuda perpetua garantizaría que el aval no se ejecutase nunca. El paroxismo de esta demagogia basada en falsedades le correspondió al Ministro de Exteriores cuando afirmó que con ese dinero las pensiones habrían subido un 38% y la protección a los parados en un 50%. Sorprende, porque García Margallo no acostumbra a usar ese tono.

El problema no está en la obligación de cumplir, o no, los compromisos, aunque se trate de compromisos adoptados bajo coerción que han llevado al pueblo griego a perder la cuarta parte de su riqueza con una enorme desigualdad en la distribución de la pérdida, todo ello promovido directamente por las condiciones del plan de rescate. El problema está en decidir si se pueden seguir cumpliendo, o no, una parte de esos compromisos y condiciones. Porque lo que los miembros del Eurogrupo no quieren decir es que lo que defienden es que el Gobierno de Syriza  no pueda aplicar su programa de emergencia para que cientos de miles de griegos no pasen hambre y puedan calentar sus casas y para que tres millones, los más desfavorecidos, puedan volver a ser asistidos sanitariamente por la Seguridad Social. Porque lo que los responsables políticos europeos quieren ocultar es que estas situaciones se derivan directamente de condiciones impuestas por la troika al gobierno de Samaras

Lo que parece que no aciertan a comprender los responsables políticos europeos y de los gobiernos nacionales de las dos principales corrientes políticas es que si finalmente logran derrotar las muy justas pretensiones del gobierno de Alexis Tsipras, para muchos europeos europeístas empezaría a carecer de sentido seguir apoyando la existencia de una UE tan antisocial y poco solidaria. 

No se puede esperar por más tiempo para apoyar con toda firmeza la posición del gobierno de Grecia por parte de las fuerzas políticas progresistas, los sindicatos y las organizaciones sociales. 

Porque no es sólo el futuro de Grecia lo que se está jugando en estos días decisivos, es el futuro de toda la Unión Europea.


viernes, 23 de enero de 2015

Luces y sombras de la “expansión cuantitativa” del BCE


El Consejo de Gobierno del BCE ha aprobado, en su reunión del 22 de enero de 2015, el primer programa monetario de “expansión cuantitativa” (EC) (“quatitative easing”) de su historia que contempla compra masiva de deuda pública de los Estados de la zona euro. La Reserva Federal de los EE UU ya había iniciado este tipo de actuaciones  a finales de 2008. Los bancos de Inglaterra y Japón pronto se unieron a esta política. Los resultados en términos de crecimiento y empleo han sido mejores (mucho mejores en el caso de los EE UU) que los obtenidos en la zona euro de la UE. Y la inflación sigue contenida en los tres países. La UE, por el contrario está en deflación y con el crecimiento estancado.

Analizaré brevemente la decisión del BCE:

-   El programa ha sido cuantitativamente más ambicioso de lo esperado: hasta 60.000 M€ durante 17 meses (de marzo de 2015 a septiembre de 2016) permitirían comprar hasta 1,02 billones de euros de deuda. Por las palabras de Mario Draghi es revisable (al alza o a la baja) en función de las circunstancias, ante todo en relación a cómo se avance en la consecución del objetivo de inflación: 2% del PIB.

-    La cifra de 60.000 millones sería suma de 45.000 M€ para compras de deuda pública de los Estados y 15.000 M€ de compra de deuda privada. En este último punto se solapará (sin sumarse) con el programa vigente de hasta 13.000 M€ mensuales.

- Las compras se realizarán, según todos los indicios, en el mercado secundario. 

-  Los mercados financieros que ya venían anticipando el apoyo al programa de EC europeo han reaccionado con claro optimismo. A las subidas en el mercado de renta variable se añade la caída de los tipos de interés de las deudas soberanas. La española cuyos bonos a 10 años cotizaban el día 21 de enero al 1,53%, cayeron el día de la decisión al 1,39%.  La prima de riesgo de la deuda española bajó de 106 puntos básicos, la víspera de la decisión, a 97. Las bajadas de los tipos de interés de los bonos de deuda pública son generales (incluso fuera de la zona euro y a nivel mundial). El bono alemán a diez años también alcanza mínimos históricos: 0,44 % el día 22, y 0,37% el día 25. Por no hablar de la deuda suiza a largo plazo: ¡-0,26 %!

-       --- El tipo de cambio del euro respecto del dólar se situó, el día 22, en 1,142. Al día siguiente bajó de golpe un 3,6% para situarse en el 1,128. Fue la 2ª mayor caída en un día desde la creación del euro. La devaluación del euro ha sido del 18% desde su último pico máximo de hace unos meses. El euro ha perdido un 18% desde su último pico de máximos de hace unos meses. 

Todo esto puede suponer un abaratamiento extremo del dinero, una mayor disponibilidad del mismo y una definitiva pérdida de atractivo de la deuda pública para los bancos, lo que debería traducirse –todo ello- en un aumento del crédito a empresas y particulares (proceso que como todo el mundo sabe no es automático), con el  consiguiente incremento de la demanda interna. El abaratamiento de la deuda pública que podría llegar, en el caso de España, a, por lo menos, congelar la carga de la deuda en los presupuestos (en la verosímil hipótesis de continuar necesitando emisiones de deuda nueva).También puede promover el crecimiento económico al facilitar las exportaciones de los países de la zona euro.

Pero la decisión del BCE tiene también serias sombras económicas y políticas, derivadas casi todas ellas de las concesiones que Mario Draghi ha tenido que hacer a Ángel Merkel (la independencia del BCE siempre es relativa) para que le autorizara el programa de EC a pesar de las grandes reticencias de la opinión pública alemana. Y de la oposición del Bundesbank cuyo presidente, Jens Weidmann continuó haciéndolo en el Consejo de Gobierno del BCE, a pesar de dichas concesiones.

Los aspectos negativos y las insuficiencias del acuerdo del BCE son:

-   Se comprará deuda en función del peso de cada país en el Eurosistema. No hay ninguna prima a los Estados con mayor necesidad. El programa podría permitir a España la compra de hasta 7.800 M€ mensuales durante su vigencia.

-  El BCE sólo garantizará el 20% de lo comprado en caso de que la operación generara finalmente pérdidas (hipótesis muy probable). El 80% lo harán los bancos centrales de cada país. Aunque algunos dirán que es un avance hacia la mutualización de la deuda y la creación de eurobonos, a estas alturas es un avance insuficiente. Porque no puede continuar, por más tiempo, la negativa a establecer las condiciones que debe reunir cualquier unión monetaria y una de ellas, imprescindible, es que el banco emisor garantice todas sus emisiones y compras. Es una mala señal política que expresa la falta de voluntad de construir una auténtica Unión Monetaria. También se disculpa esta condición -inequívocamente alemana- diciendo que, en última instancia, si los bancos centrales nacionales fueran a quebrar por no poder hacer frente a las pérdidas ocasionadas por garantizar 4/5 de las compras, el BCE terminaría por asumir las pérdidas. De nuevo estaríamos en el escenario de hipotéticas decisiones de salvamento tomadas al borde del abismo, después de haber producido todo tipo de destrozos económicos y sociales, a las que nos tiene tan acostumbrados la gobernanza de la UEEscenario que habría que erradicar en lugar de arriesgarse a volverlo a propiciar.

-   El BCE no comprará bonos que tenga la calificación crediticia de bonos basura. De nuevo se da a las agencias de calificación de riesgos, cuyo mercado sigue dominado por las tres empresas norteamericanas co-responsables de la creación de la burbuja especulativa que nos llevó a la crisis que padecemos, un papel fundamental en la determinación de qué países pueden ser ayudados o no. De entrada esto excluiría a algunos de los más necesitados: Grecia y Chipre. Algunas informaciones añaden a Portugal (en este como en otros puntos las decisiones del Consejo de gobierno del BCE son ambiguas, cosa que también reflejan las actas cuando son publicadas).

-    No se comprará deuda por encima del 33% del PIB del país emisor. Este criterio también excluiría a Grecia porque el BCE ya compró, en su día, deuda griega que alcanza ya esa cifra. Al menos no podrá hacerlo hasta que dicha deuda venza, a finales de junio, lo que conformará un período de tiempo de presión al gobierno griego que salga de las urnas del 25 de enero.

Que no basta la política monetaria para salir de la crisis en las actuales condiciones de bajísimos tipos  de interés y enorme liquidez mundial está muy claro. Lo dijo el propio Mario Draghi el pasado mes de septiembre en su comentado discurso de Jackson Hole, en la reunión de presidentes de bancos centrales. Son necesarias políticas fiscales que estimulen la demanda. Y estas fallan.

El Plan Juncker de inversiones es radicalmente insuficiente. Es insuficiente en su cuantía soñada, 315.000 M€, el 80% de la cual debería ser aportada por inversores privados. Es radicalmente insuficiente la aportación de los presupuestos de la UE: 15.000 M€ de dinero viejo sacados de  otras partidas de inversión (compárese con los 45.000€ de inversión no gastada de los presupuestos 2007-2013 que se trasladaron al período 2014-2020, después de pasar por el nunca nacido Plan de crecimiento y empleo de 2012). El diseño del modelo de colaboración pública-privada es cuanto menos enormemente voluntarista con unas tasas de apalancamiento poco realistas y una dependencia excesiva del capital privado.


En cuanto a la coordinación de las políticas fiscales de la Zona euro para impulsar la demanda, de nuevo nos encontramos con la oposición de Alemania. Quien debiera empezar por utilizar estímulos fiscales y hacerlo con mayor intensidad es Alemania (seguido de Austria, países nórdicos,…). Sin embargo, Alemania se niega a hacerlo priorizando mantener el déficit presupuestario cero que acaba de alcanzar.

viernes, 16 de enero de 2015

Grecia en la crisis europea

Este artículo ha sido publicado en:

blog de la fundación 1º de mayo en público.es
http://blogs.publico.es/uno-mayo/2015/01/16/grecia-en-la-crisis-europea/

nuevatribuna.es
http://www.nuevatribuna.es/opinion/javier-doz/grecia-crisis-europea/20150116174417111333.html


Cuando los ecos del brutal ataque del terrorismo yihadista, en París, y de la impresionante respuesta de la ciudadanía francesa se van mitigando, volvemos a tener el nombre de Grecia en el centro de la política europea. Por las elecciones del próximo 25 de enero, por la inestabilidad de los mercados financieros y por las presiones que electores y políticos griegos están sufriendo por parte de los paladines de las políticas de austeridad que, según parece, son incombustibles ante su clamoroso fracaso.

Fue en 2010 cuando la crisis económica mundial comenzó a vivir su fase europea, de la que todavía hoy no se ha salido. El epicentro fue Grecia. Su estallido tuvo lugar en mayo cuando, a través del Ecofin, Alemania impuso su condena a Grecia en forma de rescate, obligando de paso a los países de la Zona euro a adoptar las prescripciones de su economía política más conservadora para gestionar la crisis: austeridad presupuestaria extrema, reformas estructurales que recorten prestaciones y servicios públicos, y devaluación salarial de los países endeudados y sometidos a procesos de rescate para compensar, supuestamente, los efectos recesivos de la austeridad mediante ganancias de competitividad.

Cinco años más tarde, y con la crisis del euro convertida en una crisis política de la Unión Europea, Grecia vuelve a ser el epicentro de su nueva fase. ¿Será la del inicio de la rectificación? ¿O continuará el progreso de cuarteamiento de la UE?

Tras la convocatoria de elecciones generales, por el fracaso de Nueva Democracia en la elección de su candidato a Presidente de la República, se han vuelto a generar presiones políticas tendentes a impedir que el partido al que todas las encuestas señalan como favorito, Syriza, pueda formar un gobierno que ponga en cuestión la continuidad de las políticas de austeridad y promueva la reestructuración de la deuda griega. No son nuevas. Conocidas son las que obligaron a dimitir a Yorgos Papandréu y auparon a Antonis Samarás.  Poco importó, en este caso, que fuese su partido, Nueva Democracia, el responsable de la falsificación de las cuentas públicas griegas que sirvieron de justificación para unos tipos de interés de castigo, impuestos inicialmente en el primer rescate griego al calor de la campaña de la prensa amarilla alemana. Ahora, han sido primero las “declaraciones de fuentes gubernamentales” al semanario Der Spiegel, luego las del presidente del think tank IFO, Hans Werner Sinn, las que han planteando el bajo coste o la necesidad de la salida de Grecia del euro. Matizaciones del gobierno alemán o desmentidos de la Comisión Europea aparte, los mensajes han quedado para su uso en la campaña electoral griega y para alimentar el nerviosismo de los mercados financieros. La jugada es conocida: se alimenta ese fácil nerviosismo y luego se achaca al temor de que la izquierda gane. Profecía autocumplida se llama.

Una de las más inaceptables paradojas de la situación política europea es, sin duda, ésta: los máximos responsables de la imposición a Grecia de una política completamente fracasada, que ha producido un hundimiento económico histórico en Europa después de la 2ª Guerra Mundial, amén de estragos sociales y políticos de parecido o peor calibre, en lugar de cambiarla, tienen la osadía de presionar para que los griegos no voten a aquellas formaciones que preconizan el más que justificado cambio. Siendo el gobierno de Alemania el principal responsable de la dirección de la política económica europea, hay que preguntarse: ¿Cómo es posible que una nación que actúa así pueda seguir ejerciendo -lo quieran o no sus gobernantes- el liderazgo político de Europa? ¿Hacia dónde va la UE con un liderazgo alemán de esta clase? Recientemente, Hans Kundnani ha sumado su voz a la de Joschka Fisher para volver a subrayar esa histórica incapacidad de liderazgo positivo de Alemania sobre Europa. Y no son precisamente “enemigos” de Alemania.

El mal gobierno, la corrupción y la irresponsabilidad de las élites políticas y económicas de Grecia junto con la austeridad extrema han hundido al país. Caída del PIB del 24%, y del 40% de la renta disponible de las familias. Tasas de paro y de pobreza del 26% y del 33%, respectivamente, gravísimo deterioro de los sistemas educativo, sanitario (3 millones de excluidos de la asistencia sanitaria de la seguridad social) y de protección social, drástico recorte de salarios y pensiones, destrucción del diálogo social y la negociación colectiva, vulneración de los convenios internacionales (OIT, Consejo de Europa), bolsas de hambre y desnutrición, etc., etc. Y su deuda pública, si antes del rescate era del 129% del PIB (2009), hoy supera el 180%, después de haber experimentado una quita del 53% de su valor nominal. ¿Puede haber una superior acumulación de pruebas sobre el fracaso absoluto de una política?

Si Grecia es el caso extremo, las consecuencias de la mala “gestión alemana” de la crisis europea afectan a toda la UE: segunda recesión y situación actual de riesgo de estancamiento con deflación. La tendencia general no oculta la profunda divergencia por países de las dos variables principales, crecimiento y empleo. Mientras que los países rescatados, incluido España, Italia y otros están lejos de haber recuperado los niveles de PIB y empleo previos a la crisis, Alemania y otros del Norte ya recuperaron, en 2012, su PIB de 2007. Sin negar el papel de las fortalezas y debilidades internas para este comportamiento tan desigual, no hay duda de que el masivo flujo de capitales hacia Alemania y el Norte de Europa, motivado por decisiones políticas (o la falta de ellas), está siendo una poderosa causa de divergencia. Y si la Unión Europea pasa a ser un factor de divergencia entre sus miembros, invirtiendo el papel jugado desde su fundación, será insostenible a largo o medio plazo.

Hoy reclaman un cambio de rumbo de la política económica europea no sólo los  sindicatos y organizaciones sociales y buena parte de los partidos de izquierda, sino un número creciente de instituciones internacionales y gobiernos y académicos de variado signo político. Lo ha hecho el propio Mario Draghi, con palabras medidas, en Jackson Hole. Pero el poder político determinante de la UE se resiste a reconocer su fracaso. El Consejo Europeo y el BCE, fuertemente presionados, sólo rectifican parcialmente, con retraso, sin plantearse la coordinación de medidas monetarias, fiscales y de inversión. Mientras se está a la espera de que el BCE, el próximo 22 de enero, de un paso más en su política de expansión monetaria, comprando deuda de los Estados, se ve sometido a la oposición del Bundesbank y a la presión de Angela Merkel para que, si lo hace, lo haga en cuantía reducida después de imponer una contraproducente espera. El Plan Juncker está muy lejos, en sus objetivos, de lo que la UE necesitaría para reducir sustancialmente la caída de la inversión que la crisis ha producido (siete puntos de PIB). Que la inversión privada aporte el 80% de la financiación es sólo un deseo. Lo que aportan los presupuestos de la UE, sacándolo de otras partidas de inversión, son unos ridículos 15.000 millones de euros. Compárese esta cifra con los 45.000 millones de inversiones que se dejaron de gastar en los presupuestos ordinarios de 2007-2013 y se trasladaron a 2014-2020, después de ser sólo dibujados en el Plan de crecimiento y empleo de 2012. Pues bien, ni siquiera se aporta esta última cantidad que figuraba en ese fraudulento Plan, aprobado por la cumbre del Consejo y que nunca gastó nada porque no se realizó nada. A pesar de todo ello, el gobierno alemán pone pegas y retrasa la aprobación del Plan Juncker, de modo que su aplicación no se iniciará, en el mejor de los casos, hasta finales de 2015.

Una forma de gobernar así es insostenible. Pone en peligro la existencia de la propia UE. La deriva económica del continente europeo no se arregla con algo más de flexibilidad en los periodos de cumplimiento de los objetivos de déficit (de los de deuda, mejor no hablar porque son inalcanzables para muchos países), algo de expansión monetaria y un poco de inversión. Se necesitaría hacer coincidir en el tiempo y con la mayor intensidad posible cuatro actuaciones: un plan europeo de inversiones como el que propone la Confederación Europea de Sindicatos (250.000 millones anuales durante diez años); la aplicación de toda la gama de medidas de flexibilización cuantitativa por parte del BCE, incluida la compra de deuda de los Estados; una coordinación de las políticas fiscales para activar la demanda; y un plan efectivo contra la evasión y la elusión fiscales. A partir del crecimiento que generaría la combinación de estas medidas se plantearía un mucho más efectivo y menos dañino programa de reducción de los déficits y deudas nacionales. La mutualización de una parte significativa de las deudas de los Estados mediante su conversión a eurobonos, reduciría la necesidad de proceder a reestructuraciones de las mismas. En los casos inevitables (lo es, al menos, el de Grecia) debería procederse con orden y prontitud. Reestructurar la deuda no equivale a su impago. Existen diversas modalidades aplicables a empresas y a Estados. Entre los países europeos que, después de la 2ª Guerra Mundial, reestructuraron su deuda se encuentra Alemania. Lo hizo en 1953, y ayudó poderosamente al “milagro económico alemán”.

Pero aún más preocupante es, a mi juicio, la falta de proyecto político de futuro para Europa que atenaza a las dos principales corrientes políticas del continente, populares y socialdemócratas, en particular cuando desde los gobiernos configuran el poder principal de la UE, el Consejo Europeo. No ha habido ninguna alternativa mínimamente articulada a la política de la “Europa alemana” (la austeridad) como política para la gestión de la  crisis. Y ahora, para enfrentarse a una situación muy difícil, compleja y peligrosa, con manifestaciones mayoritarias de desconfianza de la población hacia las instituciones políticas europeas y nacionales, con síntomas serios de deslegitimación de los sistemas democráticos, con un auge de las corrientes políticas nacionalistas, xenófobas, populistas o de extrema derecha en numerosos países europeos, todas ellas contrarias a la existencia misma de la UE y algunas de ellas con aspiraciones a ser la primera fuerza política en países centrales (Frente Nacional en Francia), ¿cuál es la respuesta de los principales líderes políticos europeos? Simplemente, capear el temporal, sin ideas ni proyectos. Se cede en la vía de la renacionalización de las políticas, como  es el caso del programa REFIT que, con la excusa de simplificar la legislación europea, va a eliminar importantes directivas que protegen derechos sociales o medioambientales. Idéntica dirección llevan las concesiones que se están preparando para que el gobierno de Cameron no convoque el anunciado referéndum sobre la pertenencia del Reino Unido a la UE. En los ámbitos nacionales, son muchos los partidos, en el gobierno o en la posición, que adoptan puntos de vista propios de la agenda de la extrema derecha antieuropeísta, en cuestiones como las migraciones o la movilidad de los ciudadanos de la UE.

Actuando así no sólo no se solucionará la crisis política que atenaza la UE sino que se agudizará. Los lazos de cohesión imprescindibles para mantener unido el proyecto europeo continuarán deteriorándose.  Para superar la desconfianza profunda de la ciudadanía en los responsables políticos y las instituciones de la UE se necesitan, sobre todo, dos cosas: por un lado percibir de un modo efectivo que las decisiones que se adoptan enfrentan correctamente los problemas en beneficio de la mayoría, que no generan desigualdad, de trato ni de resultados, entre los Estados o en el interior de los mismos; por otro, que los líderes políticos, los partidos políticos europeos (¿existen realmente?)  tengan un proyecto claro de hacia dónde debe ir Europa y que medios se necesitan para ello.

La crisis política que vive la UE sólo se solucionará con más Europa, pero con una Europa mucho más democrática, socialmente avanzada y solidaria. Caminar hacia ella puede requerir probablemente una refundación política y la adopción de un modelo que no se puede alejar mucho del propio de una federación o confederación de Estados. Las fuerzas políticas y sociales que realmente creen en un proyecto europeo fundamentado en dichos valores tienen que salir de la posición defensiva que les ha atenazado durante más de una década y comenzar a dar la batalla ideológica y política para construir una mayoría social de escala europea que lo sustente. El 11 de diciembre, en París y otras ciudades de Francia, el pueblo francés con la presencia simbólica de los demás pueblos europeos se enfrentó unido a quienes quieren acabar con una parte de las ideas y valores sobre los que se sustenta la Unión Europea. No debiera ser flor de un día, como algunos quieren ya convertirlo.

Europa, la UE, para recobrar su alma y su impulso necesitan ideas y valores sólidos y cohesionadores. Las próximas elecciones griegas y las reacciones que desencadenen sus resultados, sobre todo si se confirma el triunfo de Syriza, deberían servir de ayuda para la superación de las malas ideas y las malas prácticas que llevan hacia el fin del proyecto político más importante del Siglo XX (que ya no lo está pareciendo en lo que llevamos de Siglo XXI),  y a la apertura de un proceso de reflexión y debate públicos sobre la Europa del futuro.


miércoles, 7 de enero de 2015

Grecia en la crisis europea (Breve)

Fue en 2010, con una gestación que se inicia a finales de 2009, cuando la crisis económica mundial comienza a vivir públicamente su fase europea, de la que hoy todavía no se ha salido. El epicentro fue Grecia. Su estallido tuvo lugar en mayo cuando, a través del Ecofin, Alemania impone su condena a Grecia en forma de rescate y de paso obliga a los países de la Zona euro a adoptar los principios de su visión de economía política para gestionar la crisis: austeridad presupuestaria hasta alacnazar el déficit cero, reformas estructurales que recorten prestaciones y servicios públicos y devaluación salarial de los países endeudados y sometidos a procesos de rescate para compensar supuestamente los efectos recesivos de la austeridad mediante ganancias de competitividad.

Cinco años más tarde, y con la crisis del euro convertida en una crisis política de la Unión Europea, Grecia vuelve a ser el epicentro de una nueva fase de la agudización de la crisis europea. La convocatoria de las elecciones generales griegas del 25 de enero, tras fracasar Nueva Democracia en la elección de su candidato a Presidente de la República, ha vuelto a generar presiones políticas tendentes a impedir que el Partido al que todas las encuestas señalan como favorito, Syriza, pueda formar un gobierno que ponga en cuestión la continuidad de las políticas de austeridad y promueva la reestructuración de la deuda griega.

Es decir, los máximos responsables de la imposición a Grecia de una política completamente fracasada, que ha producido un hundimiento económico de un nivel desconocido en Europa después de la 2ª Guerra Mundial, amén de estragos sociales y políticos de parecido o peor calibre, tienen la desfachatez de presionar para que los griegos no voten a aquellas formaciones que quieren cambiarla.

¿Cómo es posible que una nación que actúa así pueda seguir ejerciendo -lo quieran o no sus gobernantes- el liderazgo político de Europa?