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viernes, 28 de noviembre de 2014

El Plan Juncker de inversiones: insuficiente y engañoso


El Plan de inversiones presentado por el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, el 26/11/2014, es una propuesta de ingeniería financiera compleja que pretende promover inversiones, principalmente privadas (al menos 200.000 M€ de los 315.000 M€ que supuestamente podrían movilizarse) a partir de muy poco dinero público. Nada de éste último es, en principio, nuevo.

Si el Plan obtuviera la aprobación del Consejo y del PE, comenzaría a aplicarse, como muy pronto, en junio de 2015, y se desarrollaría a lo largo de tres años, aunque debido a que se indica que deberían primarse las inversiones a largo plazo, el período de ejecución de las mismas será previsiblemente superior.

La ingeniería financiera de Mr. Juncker
El mecanismo de financiación y promoción de inversiones aparece poco o mal descrito en buena parte de las informaciones periodísticas. No se trata de que con 21.000 M€ (16.000 de los presupuestos de la UE y 5.000 del BEI), el Fondo Europeo de Inversiones Estratégicas o/y el BEI emitan deuda hasta alcanzar una capacidad crediticia de 315.000 M€  (el coeficiente de apalancamiento hubiera sido de 1 a 15). No, los recursos iniciales son mucho más limitados: 63.000 M€ sería el resultado del apalancamiento. Lo que resta, hasta alcanzar los 315.000 M€, no los aporta el Plan. Deberían provenir de las aportaciones de las administraciones públicas estatales, regionales y locales y, en su mayor parte, de los inversores privados. Es decir, de los 315.000 M€, 252.000 son una mera estimación de la potencial capacidad de atraer a otros inversores. En un puro ejercicio de especulación, el Plan decide que 52.000 M€ podrían provenir de inversión pública de los Estados miembros y 200.000 M€ de inversores privados. Para facilitar la inversión pública se propone que no cuente a efectos del cumplimiento de los objetivos de déficit impuestos por las instituciones de gobierno de la UE.

El mecanismo para obtener los 63.000 M€ es el siguiente: se dispone de 13.000 M€ (8.000 de los presupuestos y 5.000 del BEI) que se usarán como garantía para cubrir posibles pérdidas en los proyectos en los que se invierta. Los 8.000 M€ no sólo no son nuevos sino que se detraen de lo presupuestado para programas importantes: 3.300 millones del programa Conectar Europa y otros 2.700 del programa Horizonte 2020, de investigación e innovación. Los restantes 2.000 millones provendrán de “márgenes presupuestarios”. Si hubiera que cubrir fallidos por encima de los 13.000 M€, los Estados miembros deberían aportar hasta un total de otros 8.000 M€.

Con este dinero de aval o grantía, el BEI acudiría al mercado, manteniendo su triple A, y emitiría bonos, hasta unos 63.000 M€. Esta cifra sería la dimensión real de la financiación del Plan (apalancamiento de 1 a 3, incluido), la que debería compararse con las cifras del Nuevo Plan Marshall de la DGB o las del plan de inversiones de la CES). El resto que, engañosamente, les permite hablar del multiplicador “15”, son hipotéticas inversiones asociadas de las administraciones públicas nacionales o de  inversores privados.

Instituciones del Plan y proyectos a financiar
Para decidir a qué proyectos se dedicarán esos alrededor de 63.000 millones se creará el Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas. La lista de iniciativas susceptibles de recibir fondos la elaboran la Comisión y el BEI, con la participación de los Estados miembros. La elección final de los proyectos la realizará una Comisión de Inversión formada por expertos independientes, que comprobará la calidad y la viabilidad y validará cada proyecto. El BEI sería el prestamista

Según los cálculos del COM (2014) 903, de 26 de noviembre, que recoge la propuesta, la mayor parte de ese dinero para invertir en los proyectos (más de 200.000 millones) tendría que venir del sector privado dada la situación de las cuentas públicas de algunos países. Según la idea de la Comisión Europea, la mayor partida irá a inversiones a largo plazo; el resto se destinará a pymes de mediana capitalización.

No habrá cuotas por países ni límites en la distribución geográfica de los proyectos o topes en los montos que recibirá cada Estado miembro a la hora de decidir qué programas se beneficiarán del plan: el principal criterio será que sean económicamente viables.

Algunas conclusiones y comparaciones
El Plan es peor que lo anunciado y que lo que reflejan algunos medios de comunicación orientados por los servicios de prensa de la Comisión.

En primer lugar, por la escasa cuantía del mismo. Aún si consideramos la cifra de los 315.000 M€ que no es la que aporta el Plan sino la que muy mayoritariamente deben aportar otros actores y la dividimos por cada uno de los tres años de su aplicación, obtenemos la cifra de 105.000 €. Pues bien, con la crisis, las inversiones anuales (públicas y privadas) en la UE han caído un 26%, pasando de representar el 23% del PIB, en 2007[1], a sólo un 17% en 2013. Esta caída de 6 puntos de PIB, representa, en términos absolutos, una cantidad cercana a los 800.000 M€[2]. En su versión complementada y ampliada, el Plan Juncker sólo aporta poco más del 13% de la caída de la inversión. Pero siendo la financiación real europea máxima que podría aportar de 63.000 M€, es decir de 21.000 millones anuales, estos apenan representan el 2,6% de lo que ha caído la inversión desde que comenzó la crisis.

Si lo comparamos con las propuestas de planes de inversión de la DGB y la CES -250.000 M€, el 2% del PIB, 2,5 billones en los 10 años de duración- la dimensión del Plan Juncker también es limitadísima. Sus 21.000 M€ al año (sólo para 3 años) representan el 8,4% delo que reclama el sindicalismo europeo anualmente (durante 10 años).

Se trata, pues, de un miniplan de una dimensión equivalente a la del Plan de empleo juvenil.

Pero hay un aspecto que resulta especialmente criticable a la hora de señalar los escasísimos fondos presupuestarios europeos que se aportan en el Plan Juncker, -8.000 M€- detrayéndolos además de otras partidas de inversión. Es la comparación con los 55.000 M€ de fondos estructurales y de cohesión no utilizados del Presupuesto plurianual 2007-2013, y que se dibujaron en el papel del non nato Plan de crecimiento y empleo de junio de 2012. Cuando el Parlamento Europeo aprobó, finalmente, el Marco presupuestario plurianual 2014-2020, que suponía un recorte importante respecto al de 2007-2013, se vendió como una concesión importante la autorización para utilizar esos fondos en el nuevo septenato, por encima de las partidas ya aprobadas.

A la luz de la raquítica financiación presupuestaria del Plan Juncker, son preguntas obligadas: ¿Por qué no se han utilizado, por lo menos, estos 55.000 M€ para financiar el Plan Juncker? ¿Dónde está ese dinero? ¿Existe o existirá en algún momento, o se trata de un nuevo engaño? Lo que ya no deja ningún lugar a dudas es que el Plan de crecimiento y empleo, que no se ha cumplido en ningún aspecto[3], no sólo fue un “no plan”, sino que fue un “anti-plan” que sirvió de cortina de humo para no invertir lo ya presupuestado en unos presupuestos escasos, cuando más se necesitaba





[1] Raimond Torres (2014) sobre fuentes de Eurostat
[2] El PIB de la UE en 2012 fue de 12,97 billones de euros corrientes
[3] Tampoco el BEI aumentó en 2013 su inversión crediticia de un modo significativo. De hecho la cifra de 2013, 73.000 M€, fue inferior a la de 2009, 76.000 M€ 

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