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martes, 20 de agosto de 2013

Los beneficios para Alemania de la inestabilidad financiera europea

   Dos hechos muy recientes corroboran, sin mucho espacio para la duda, la afirmación que una parte de los críticos de la política europea de la canciller Merkel venimos haciendo desde mayo de 2010: la prolongación de la crisis de las deudas soberanas europeas debida a que la UE no ha adoptado las medidas necesarias que la resuelvan -y ya llevamos más de tres años y medio en esa situación- beneficia fuertemente a las arcas del Tesoro alemán.

   Una demostración indirecta -"sensu contario" o por "reducción al absurdo"- la tenemos en la evolución de los tipos de interés del bono alemán a diez años desde que los mejores datos de crecimiento de la zona euro -sobre todo la salida de la recesión en el 2º trimestre por el arrastre de las economías alemana y francesa- han tranquilizado los mercados de deuda y hecho reducir la prima de riesgo de los países del Sur de la Zona euro. El bono alemán que el verano pasado, cuando la prima de riesgo española escaló hasta los 650 puntos básicos, llegó a tener un tipo de interés de apenas el 1,10 %, ha venido subiendo ante los más tranquilizadores -aunque coyunturales e inciertos- datos macroeconómicos europeos. En estos días ronda el 1,90%, camino probablemente del 2%. Aunque, claro, la tendencia se romperá si vuelven, como es previsible, los sobresaltos.

   La inestabilidad financiera, mantenida durante un periodo inusualmente largo de tiempo y derivada del fracaso de las políticas iniciadas en la reunión del Ecofin de los días 9 y 10 de mayo de 2010, al tiempo que ha pesado como una losa sobre las arcas públicas de España y de otros países del Sur, al obligar a pagar altísimos tipos de interés por las crecientes necesidades de emisión de deuda pública, ha beneficiado mucho al Tesoro alemán. Lo que el Tesoro alemán paga por los bonos de su voluminosa deuda pública (superó el 90% del PIB, aunque hoy ya sólo es de poco más del 80%) ha ido bajando fuertemente al calor de cada sobresalto en los mercados financieros, en particular en los de deuda pública. Incluso, como se sabe, los bonos a corto plazo han llegado a tener tasas de interés nominales negativas.

  Esta situación es fácil de explicar. Cuando aumenta la desconfianza sobre la posibilidad de que los Estados con más altos niveles de déficit o/y deuda y económicamente más débiles puedan hacer frente a sus compromisos financieros, los inversores huyen de la deuda de esos países, y la encarecen, y se refugian en la deuda alemana abaratando sus tipos. Cuando las perspectivas de las economías reales mejoran, incluso si las mejora provienen de un crecimiento del PIB germano más alto del esperado, a los inversores de unos mercados fuertemente especulativos y escasamente regulados les resulta menos atractiva la deuda alemana. Hacen que sus tipos vuelvan a crecer y de nuevo compran deuda de los Estados periféricos cuyos tipos, a su vez, bajan.

   Una cuantificación -no la única pero sí muy autorizada- de lo mucho que ha ganado Alemania con los tres años y medio de inestabilidad financiera, inducida por la política que ha impuesto al resto de Europa, nos la ha dado, finalmente, el propio ministro de finanzas del gabinete de Merkel, Wolfgang Schäulbe. Tal vez presionado por la campaña electoral alemana, en la que está presente el tema de "lo mucho que le cuesta a Alemania sostener a los despilfarradores socios del Sur de Europa", y olvidando lo mucho que le pueden criticar desde los Estados que, como el español, sufren simétricamente como pérdidas sus ganancias, Schäulbe ha respondido al diputado del SPD, Joachim Poss,que Alemania se ha ahorrado nada menos que 40.900 millones de euros, en los últimos cinco años, por los bajos tipos de interés que paga por su deuda.

   En mi opinión se queda voluntariamente corto. Otros analistas han situado esa cifra entre los 80.000 y los 100.000 millones de euros. El dato de Schäulbe se corresponde aproximadamente con lo que resultarían de aplicar a la deuda alemana -2,67 billones de euros en 2012- una bajada de tipos de interés de dos puntos porcentuales que es de la que, por término medio, se ha beneficiado la deuda alemana a largo plazo entre 2010 y 2012. Pero, entre 2007 y 2009 los tipos de interés del bono alemán a diez años se movieron entre el 3% y el 4,6%, con lo que el diferencial medio con respecto a los tipos de 2012 se situaría, si adelantamos el intervalo de cálculo, en cerca de los tres puntos porcentuales. Además, el ahorro hay que sumarlo año tras año, lo que incrementaría notablemente la cifra. Un cálculo de esta naturaleza es complejo y laboriosísimo y tiene que utilizar hipótesis no demostrables matemáticamente. Por supuesto, no conocemos las hipótesis y procedimientos utilizados por Scháulbe.

   ¿Y cuanto paga de más, España, por una deuda pública cuyo volumen alcanzó, en 2012, los 883.873 millones de euros? Pues, si en lugar de pagar nuestros bonos a diez años en torno a un 4,5%, cifra actual que parece contentar al Gobierno de Rajoy, lo hicieramos al 2,5% -tipo razonable de un eurobono- nos ahorraríamos más de 17.000 millones de euros anuales. 

   Las conclusiones son claras: las políticas que mantienen abierta la inestabilidad de los mercados de deuda pública favorecen mucho a Alemania, perjudican gravemente a España y a otros países periféricos y perjudican gravemente a la UE, poniendo en cuestión su propia existencia. Yendo más allá: una Zona euro construida y mantenida sin los requisitos de cualquier zona monetaria común es insostenible. Es intolerable que se mantenga por más tiempo la ficción de un proyecto político común con una moneda común que está produciendo tales asimetrías y divergencias, tanto beneficio para algunos y perjuicio para otros.

  Los políticos españoles y de otros países tendrían que decirlo alto y claro, en mi opinión desde una propuesta alternativa claramente europeísta que existe. Hoy lo ha vuelto a decir un gran pensador alemán, Jürgen Habermas, en un articulo publicado en El País con el título de "Cuando las élites fracasan" ( http://elpais.com/elpais/2013/08/13/opinion/1376411438_682870.html ). Como antes lo hicieron Josckha Fischer o Ulrich Beck. Porque de las muchas cosas buenas que nos siguen viniendo de Alemania, una de ellas es el pensamiento crítico.

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