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lunes, 4 de mayo de 2015

La indecente desigualdad salarial

Ayer domingo publicaba El País un estudio de David Fernández sobre los aumentos salariales en 2014. Los datos más fiables son los que, elaborados por el autor, tienen como fuente los datos registrados por las empresas en la CNMV. Se corresponden con el total de empresas que cotizan en bolsa y con las grandes que lo hacen en el IBEX35. Si existe algún sesgo, es en el sentido de mitigar la desigualdad real por ocultación de alguna parte de las altísimas retribuciones de directivos y consejeros en lo informado a la CNMV.

El resultado del estudio muestra una realidad escandalosa e insostenible: la componente salarial de la desigualdad -no la única que opera, por supuesto, en el desolador panorama de la desigualdad en España- avanzó en 2014 a una velocidad de vértigo.

En el total de empresas cotizadas en bolsa, los salarios de los directivos crecieron como media en un 12,03%, hasta situarse en los 600.000 euros anuales. Los miembros de sus consejos de administración vieron aumentadas sus retribuciones nada menos que en un 17,56%, hasta alcanzar los 376.000 euros al año. Los trabajadores, sin embargo, vieron disminuidos sus salarios en un 0,64%.

En las grandes empresas del IBEX, la comparación es todavía más hiriente: sus directivos aumentaron sus retribuciones en un 12,14%, como término medio respecto a 2013, para rozar ya el millón de euros, 949.000 en concreto. Sus consejeros tuvieron un empujón mayor, nada menos que de un 24,11%, terminando en 612.000 euros anuales. Los trabajadores, a los que directivos y consejeros consideran sin duda completamente ajenos a la mejora de los beneficios de sus empresas, fueron castigados con una disminución del 1,04% de sus salarios.

En un solo año, de 2013 a 2014, el abanico entre los mejor pagados en las empresas del IBEX35 y la retribución media de sus empleados pasó de 75 veces más a ¡104 veces más!

Así no se puede continuar. En primer lugar, porque es una pura indecencia política y moral, que no puede sino destruir las bases de la cohesión de nuestra sociedad, un tal progreso de la desigualdad. Y en segundo, por hablar de algo que puede interesar algo a las élites económicas que no saben razonar en términos de justicia social, porque una desigualdad así va en contra de la productividad de sus empresas y, tal vez, incluso puede acabar provocado una rebelión social, lo cual sería bastante deseable por otro lado.

El próximo día siete habrá una nueva sesión de la agotadora ronda para un posible acuerdo intersectorial para la negociación colectiva. Por el momento, los directivos de la CEOE siguen negándose a que los salarios aumenten por encima del 1%. ¿Será porque a ellos no les han llegado un tal aluvión de prosperidad?


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