viernes, 14 de febrero de 2020

La UE en la hora de la verdad: los Presupuestos 2021-2027




Este artículo ha sido publicado en el diario electrónico Nueva Tribuna . 




Cuando la UE todavía no ha empezado a digerir el impacto político del Brexit ni a afrontar sus consecuencias prácticas, en la semana que comienza el 17 de febrero el Consejo Europeo va a intentar llegar a una posición común sobre el Marco Financiero Plurianual (MFP) 2021-2027, en reuniones de su Consejo de Asuntos Generales y del Ecofin que prepararán la Cumbre extraordinaria del día 20. Es muy difícil que se alcance un acuerdo sobre los presupuestos de la UE para los próximos siete años, pero cualquiera de los términos que se barajan para ello representaría importantes recortes respecto a los presupuestos vigentes y recortes adicionales a los contenidos en la propuesta de  la Comisión Juncker (2018). Con ello se profundizaría el continuo declive de los recursos presupuestarios de la UE respecto a la riqueza que produce, declive que se manifiesta desde finales del Siglo XX. Y se despreciaría la voluntad política de la ciudadanía europea, expresada por el Parlamento, y la de los interlocutores sociales y las organizaciones de la sociedad civil, expresada a través del CESE, que reclaman en términos muy parecidos más recursos financieros para fortalecer el proyecto común europeo en un momento clave de su historia.
En sentido contrario, la voluntad de una parte de los gobiernos de los Estados miembros, al menos de una mayoría de los gobiernos de los países que son contribuyentes netos, es meramente contable y restrictiva y contraria a cualquier tipo de compromiso de fortalecimiento de la Unión. El modo que tienen de enfrentarse a la crisis política que el Brexit supone para la UE, y a las crisis políticas generadas por el avance del nacional populismo de extrema derecha en numerosos países, es miope y desolador: quieren “menos Europa”.
Y si, como ha sucedido casi siempre, son los países contribuyentes netos los que determinan finalmente cual es el techo de gasto, las bien intencionadas y bien orientadas iniciativas formuladas por la Comisión presidida por Ursula von der Leyen -por ejemplo la principal de ellas, el Pacto Verde Europeo- quedarán en agua de borrajas. La actitud de los países más ricos no puede justificarse por el hecho de que tengan que aportar más dinero por la salida del Reino Unido que, a pesar del “cheque británico”, realizaba anualmente una aportación neta de unos 11.000 M€. Porque, como veremos más adelante, son los que más se benefician de la UE y del euro, en términos comerciales y de balanza de pagos, al tiempo que se oponen a que la UE vea aumentados sus recursos propios, cosa que les liberaría de una parte importante de su contribución neta,. Algunos de ellos, además, propician a través de la competencia fiscal desleal el deterioro de los ingresos públicos de otros Estados y de la propia Unión.
“Síndrome de Greta Thumberg” o egoísmos nacionales
Recientemente, el Alto Representante de la PESC, Josep Borrell, achacó a los jóvenes europeos de padecer el “síndrome de Greta Thumberg” y dudó de su voluntad de sacrificar su nivel de vida para hacer frente a las grandes necesidades financieras de una transición justa hacia una economía descarbonizada. La única excusa que podrían tener las desabridas y mal orientadas palabras de Borrell es que en realidad estuviera pensando en el egoísmo de los gobiernos de los países más ricos, probable reflejo de lo que piensan una mayoría de sus ciudadanos poco dispuestos a aceptar tales sacrificios, y que dudara de los anuncios triunfalistas que la Comisión acababa de realizar sobre la financiación del Pacto Verde Europeo. Nuestro Alto Representante tiene que conocer bien el estado del debate presupuestario en el Consejo.

El 14 de enero la Comisión Europea hizo públicas dos comunicaciones sobre el Plan de inversiones del Pacto Verde Europeo y la propuesta de Reglamento del Fondo de Transición Justa. Según sus portavoces, se estaba hablando de destinar un billón de euros entre 2021 y 2030 para su financiación. En los siete años de vigencia del MFP 2021-2027 serían unos 700.000 millones de euros. Dentro de esta financiación, el Mecanismo de  la Transición Justa podría generar, en diez años, unos 143.000 millones de euros, principalmente a través de inversiones -públicas y privadas- financiadas por los créditos apalancados del BEI, de las transferencias de los fondos de cohesión (FEDER y FSE+) y de la cofinanciación de los Estados miembros. Porque, en realidad, el nuevo Fondo de Transición Justa, apenas tendría 7.500 M€ en los próximos presupuestos plurianuales (2021-2027).
En una primera apreciación se puede decir que mientras que el Mecanismo de la Transición Justa tiene una financiación claramente insuficiente, el problema sobre las cifras globales, sean los 700.000 M€ o el billón, son las dudas acerca de dónde pueden provenir, habida cuenta de la escasez de los recursos del MFP 2021-2027 que la Comisión, y no digamos el Consejo, están proponiendo. O, dicho de otro modo, o bien el Pacto Verde se lleva casi todo los recursos presupuestarios de la UE, recortando radicalmente el resto de los programas, o bien, los programas ordinarios se pintan de verde, un verde muy clarito naturalmente.
MFP 2021-2027. Algunas cifras y los términos del debate
La duda se transforma en perplejidad cuando se examinan las cifras principales de la propuesta de la Comisión y las posiciones tentativas que se barajan desde el Consejo.

La propuesta de la Comisión establece una cifra global de ingresos y gastos de 1.134.583 M€ (euros constantes de 2018) para los próximos siete años. Esto supone un 1,11% de la Renta Nacional Bruta (RNB) de la UE27, frente al 1,16% del vigente MFP 2014-2020,  en comparación consolidada (sin las aportaciones y retornos del Reino Unido). Esto supone, de entrada, un recorte  de 53.315 M€. Lo sufren dos políticas: las de cohesión (-10%) y la PAC (-15%). Datos difícilmente compatibles con la literatura de apoyo a la Europa social -sus pilares de derechos y su cohesión- que prodigó la Comisión Juncker y heredó, e incluso reforzó, la Comisión Von der Leyen.

Pero a la moderna “Liga Hanseática”, conjunto de nueve países liderados por Holanda[1], el recorte de la Comisión les parece insuficiente. Exigen que los gastos no excedan del 1% de la RNB. Esto supone un recorte de nada menos que 220.000 M€ respecto a los presupuestos vigentes  y de 150.000 M€ respecto a la propuesta de la Comisión.

La Presidencia de turno finlandesa presentó en el Consejo un intento de compromiso cifrado en un tope del 1,07% de la RNB. Incluso concretó los nuevos recortes de 112.500 M€, respecto a los presupuestos vigentes, y de 50.000 M€, respecto a la propuesta de la CE. Se repartirían entre las políticas de cohesión (-13,71%) y las prioridades de la propuesta de la Comisión. Entre ellas están, lógicamente, el clima y el medio ambiente.

El Consejo de diciembre no tomó ninguna decisión y mandató a su presidente, Charles Michel, a que hiciera una ronda entre todos los países europeos. La propuesta que supuestamente llevará a la cumbre del Consejo del día 20, según han filtrado diversos medios periodísticos europeos, es que el tope de gasto se sitúe en el 1,04% de la RNB, lo que supondría un recorte de 165.000 M€, respecto a los presupuestos actuales, y de 95.500 respecto a la propuesta de la Comisión.

La posición del PE, el CESE, el CdR y de los países de menor renta
El Parlamento Europeo y el CESE se sitúan en una óptica completamente opuesta: critican la propuesta de la Comisión por insuficiente, rechazan los recortes en políticas de cohesión y en la PAC, exigen una reforma en profundidad del sistema de ingresos para que los recursos propios sean su parte principal[2], y piden que ingresos y gastos alcancen el 1,3% de la RNB. Esto supone un incremento, respecto de los presupuestos vigentes, de 202.595 M€, cerca de 29.000 M€ anuales. La posición es compartida por el Comité de las Regiones. Conviene no olvidar que, hace pocos años, el objetivo de quienes defendíamos una UE fuerte con una capacidad presupuestaria significativa era establecer un suelo presupuestario del 3% de la RNB.

El PE mantiene, hasta el momento una posición firme. En su última resolución sobre el tema (octubre de 2019) se reafirma en la petición del 1,3% del PIB, sostiene que no aprobará ningún presupuesto que no conlleve una reforma en profundidad de los recursos propios y pide a la Comisión que adopte las medidas necesarias para prorrogar el MFP 2014-2020, en la previsión de que no haya acuerdo en el “triálogo” con la Comisión y el Consejo antes de finales de año. Pero el “triálogo” no puede iniciarse hasta que el Consejo tenga una posición, por lo que la aprobación, si es que llega, no será antes de que culmine la Presidencia alemana, en el segundo semestre de 2020.

Mientras que Alemania y Austria mantienen posiciones muy cercanas a la Liga Hanseática, España y Portugal, junto con otros países del Sur y el Este de Europa han creado otro grupo, “Amigos de la Cohesión”[3] que se opone a los recortes drásticos en cohesión y PAC, aún moviéndose en el marco de la propuesta de la Comisión Juncker.

El injustificable egoísmo de buena parte de los países ricos de la UE
Si nos limitamos a los datos de las siempre engañosas –en la UE y en el interior de los Estados miembros- balanzas fiscales, puede surgir una comprensión hacia los países que tienen que pagar más, los contribuyentes netos, y sus opiniones públicas. Pero en cualquier sistema de intercambios comerciales, mucho más aún en un mercado único con moneda común e instituciones políticas, los términos principales del intercambio entre los Estados lo dan las balanzas comerciales y por cuenta corriente. Y aquí los datos son concluyentes de las enormes ventajas que países como Alemania y Holanda obtienen de la UE y de la moneda común. Sus superávits comerciales, actuales y previstos hasta 2021, son del orden del 6,5% en el caso de Alemania y del 8% en el de Holanda. Y sus superávits de la balanza de pagos son  del orden del 7%, en Alemania, y del 9,5% en Holanda.

Esta situación, inaceptable en una economía integrada, sólo ha motivado débiles exhortaciones en pro de su reducción por parte de las instituciones de la UE que nunca han iniciado un “procedimiento por superávit excesivo” que estaría más que justificado. Los países que se benefician de un desequilibrio de esta naturaleza, gran favorecedor de su riqueza, deben, entre otras cosas, aportar más al pequeño presupuesto común.

En el caso de Holanda, su papel es aún más criticable puesto que es uno de los países que más practican el dumping fiscal en el interior de la UE, con prácticas que favorecen la elusión fiscal a gran escala, y aún el fraude fiscal, que drenan importantes recursos financieros para realizar las políticas públicas a los demás Estados miembros y contribuye a sus déficits fiscales. Los recientes artículos de tres expertos daneses en la revista del FMI, Finance & Development, (Damgaard, Elkjaer y Jahannesen, 2018 y 2019)[4] dan cumplida evidencia del escandaloso volumen del problema y de la decisiva contribución de Holanda, junto con Luxemburgo e Irlanda, al mismo. A partir de las bases de datos del FMI y de la OCDE, estos economistas llegan a estas conclusiones: el 40% de la Inversión Extranjera Directa (IED) del mundo circula por “empresas fantasma” que no tienen ningún tipo de actividad económica. Estos flujos de elusión y fraude fiscal suman 15 billones de dólares (más que las economías china y alemana juntas). El 85% de esa cantidad va a empresas fantasma de 10 países, entre ellos los tres paraísos fiscales mencionados que son tres Estados de la UE. En cabeza: Luxemburgo, 4,0 B$; y Holanda, 3,5 B$.

Algunas conclusiones
Al pesimismo de la razón hay que combatirlo con el optimismo de la voluntad, siguiendo la máxima del viejo Gramsci. Sindicatos, organizaciones sociales y políticas progresistas europeas deberían movilizarse para exigir a los gobiernos nacionales y a las instituciones comunitarias que se abandone la política deflacionaria que lastra el crecimiento y que concentra los recortes presupuestarios en capítulos clave para el fomento de la convergencia entre los Estados y la cohesión social. Y decir bien claro que la necesaria transición hacia una economía verde y digitalizada tiene que ser justa, es decir tiene que hacerse con una alta protección de los trabajadores afectados. Y que eso cuesta mucho dinero, dinero que no está ni en las propuestas de la Comisión ni menos aún en lo que baraja el Consejo.

Hay que presionar a los eurodiputados para que el PE se mantenga firme en su buena propuesta. Y a gobiernos como el español, para que no cedan. Y transmitir a los responsables políticos europeos que abandonen su increíble ceguera. Al nacional populismo de extrema derecha sólo se le vence con una Europa más fuerte, con recursos para hacer políticas en favor de la gran mayoría de la población y de los que más lo necesitan. Que entiendan que si a los afectados por la transición verde, de los mineros del carbón polacos o rumanos a los trabajadores del automóvil alemanes o españoles no se les protege suficientemente y se les proporciona, en su caso, nuevos empleos de calidad, el triunfo de la  extrema derecha está asegurado  y con ello el fin de la Unión.  

Javier Doz
Consejero del Comité Económico y Social Europeo por CC OO




[1] Integran la Liga Hanseática: Holanda, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Estonia, Letonia, Lituania, República Checa e Irlanda
[2] Con establecimiento de nuevas figuras impositivas –impuesto a las transacciones financieras, tasa digital, impuesto al carbono, etc.- y reforma de otras para incrementar los ingresos compartidos con los Estados miembros –introducción de la Base Impositiva Común Consolidada del Impuesto de Sociedades (BICCIS) e IVA-.
[3] Son un total de 16 países: España,  Bulgaria, Chipre, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, Portugal, República Checa y Rumanía. De gobiernos tan antagónicos como el español y portugués respecto al húngaro o polaco, su nexo de unión es que son países de renta inferior a la media europea. Por ello han atraído a los tres miembros bálticos de la Liga Hanseática.
[4] J.Damgaard, T. Elkjaer y N. Johannesen: 2018 Piercing The Veil: Some $12 Trillion Worldwide Is Just Phantom Corporate Investment , en F&D de 10/06; 2019 “The rise of phantom investments” en F&D September 2019 Follow the Money



miércoles, 5 de febrero de 2020

Por qué me empieza a preocupar la epidemia del coronavirus de Wuhan


Resultado de imagen de wuhan virus"

Después de leer el artículo de EL País, que publico aquí después de este breve comentario, por primera vez desde el comienzo de la epidemia del coronavirus de Wuhan, me he empezado a preocupar seriamente sobre sus consecuencias sanitarias, económicas y políticas. Por un lado, porque la muy probable existencia de bastantes más muertos de los que recogen las estadísticas oficiales hace no fiable la tasa de mortalidad oficial que no era superior, hasta el momento, a la de una gripe ordinaria. Las autoridades chinas han implantado la censura sobre las informaciones sobre la enfermedad precisamente  cuando informaciones periodísticas fiables, que utilizaban un momento de libertad de información sin precedentes para hablar sobre la epidemia, decían que muchos miles de personas no podían ser atendidas en los hospitales y algunas de ellas morían en sus domicilios y no eran contabilizadas en las estadísticas oficiales. 

Por otro lado, la paralización de muchos sectores de la economía china, con vacaciones forzosas para decenas de millones de trabajadores, puede tener un impacto serio en su tasa de crecimiento y acabar teniéndolo en la de la economía mundial. Cuando se ha aparcado el conflicto comercial entre los EE UU y China como factor de riesgo para una recesión económica general, ahora surge una epidemia vírica como inesperado nuevo factor de riesgo.

Sobre las consecuencias políticas me limito a un hecho del que me informaban ayer unos amigos italianos: varios dirigentes de la Liga, el partido de Salvini, han pedido a su gobierno que establezca una cuarentena para los residentes chinos y así evitar la propagación de la epidemia en Italia. Todo una insuperable mezcla de ignorancia y xenofobia que hace de la propagación del miedo al otro y de los peores instintos un arma política. ¡El coronavirus de Wuhan como instrumento al servicio de la propaganda del nacional-populisno europeo de extrema derecha! Con esto sí que no contaba.

China impone la censura frente a la ira ciudadana por la epidemia

El Politburó refuerza el control de los medios e Internet y envía a 300 propagandistas a Hubei tras publicarse irregularidades sobre las cifras de muertos y el reparto de mascarillas

No todos los que fallecen en Wuhan por el coronavirus aparecen en las listas oficiales. El desbordamiento es tal que solo un pequeño número, los más graves, son admitidos finalmente en los hospitales. El resto debe volver a sus domicilios con la orden de someterse a una cuarentena estricta, y esperar. Los que mueren esperando no se incluyen en el recuento de víctimas, por lo que la cifra real puede ser mucho más alta de la que cada mañana anuncia la Comisión Nacional de Salud. La respetada revista económica china Caijing así lo denunciaba el fin de semana en un extenso artículo titulado Fuera de las estadísticas. El reportaje ha desaparecido de su página web.
Después de que, tras conocerse la verdadera gravedad de la epidemia, el Gobierno chino prometiera transparencia, las últimas dos semanas han sido, para la prensa china, un pequeño oasis de libertad. Las informaciones publicadas en torno a la situación en Wuhan y su provincia, Hubei, han sido insólitamente incisivas. La apertura se extendió a las redes sociales, a través de las cuales han circulado informaciones que dejaban claro hasta qué punto se ocultó información en la provincia al comienzo de la crisis. Una oleada de vídeos que denunciaban la precaria situación de los hospitales en el foco de la infección, que ya ha contagiado a más de 24.000 personas y ha matado a 492. Las imágenes de médicos exhaustos, con la cara deformada por las horas ininterrumpidas de trabajo con la mascarilla puesta, han dado la vuelta al mundo.
“En este clima, las élites gobernantes en China se vieron arrojadas de repente a un coliseo virtual en el que sus destrezas políticas se vieron puestas a prueba sin piedad. Y fracasaron de modo espectacular”, apunta el comentarista social Ma Tianjie en su blog Chublic Opinion.
Pero ese breve lapso de relativa libertad informativa parece tener las horas contadas. La ira ciudadana no es un fenómeno con el que el Gobierno chino se encuentre a gusto. La estabilidad social siempre ha sido su principal objetivo, por encima incluso de las metas económicas. El domingo se reunía por segunda vez en ocho días -algo extraordinario, apenas se ha producido un puñado de estos encuentros en los últimos cinco años- el Comité Permanente del Politburó del Partido Comunista, el máximo órgano de poder en China, para analizar la respuesta al virus.

Ausente en público desde hace ocho días, toda una rareza, el presidente chino, Xi Jinping, instaba en la reunión a contener rápidamente la epidemia, un esfuerzo que -recalcaba-tendrá un impacto en la salud pública, la economía del país y la paz social. Y entre las recetas que la reunión ha acordado aplicar se encontraba una receta de siempre: “Fortalecer el control de los medios e Internet”.
Imponerse al virus es una cuestión vital para el régimen, y quien no cumpla su parte se verá duramente castigado. “Es una prueba clave del sistema de China y su capacidad de gobierno”, apuntaba Xi, según lo ha recogido la agencia oficial de noticias china, Xinhua.
Las redes y los medios destapaban este fin de semana irregularidades en el reparto de donativos de máscaras y otro material protector. Salían a la luz denuncias de que la Cruz Roja china, un organismo estatal no afiliado con la Cruz Roja Internacional y que arrastra una pésima reputación de corrupción desde hace años, era la institución que centralizaba la recepción de esos suministros, aunque se hubiesen enviado a un hospital concreto. Y que, en lugar de repartirlos en los hospitales que más los necesitaban, los desviaba hacia los altos cargos de la zona o centros médicos dudosos, lejos de la línea de frente contra la enfermedad.
Mientras, en el epicentro de la crisis, algunos médicos tenían que recurrir a protegerse con chubasqueros en lugar de trajes especiales, o confeccionar sus propias mascarillas. Los llamamientos de ayuda se multiplicaban en redes. Fotos y vídeos en los que se ve a los médicos protegidos con simples mascarillas quirúrgicas mientras los políticos con los que se reúnen llevan las codiciadas N95 -agotadas en toda China- desataron una oleada de indignación en internet. “Es muy frustrante”, comenta Niao, un estudiante de Ingeniería en su último año de Universidad, “se suponía que estas lecciones ya se habían aprendido hace 17 años, con la epidemia de Sara. Y estamos en las mismas otra vez”.
Hasta tal punto que las autoridades han tenido que ceder y permitir que los hospitales puedan recibir directamente los donativos que se les envíen.
Pero el cambio de tono en los medios, a raíz de la reunión del Comité Permanente, comienza a notarse. Además de la desaparición del reportaje de Caijing -disponible, no obstante, en algunos agregadores-, ya las búsquedas en Internet de palabras clave (“escándalo cruz roja”, por ejemplo) arrojan muchos menos resultados o ninguno. El Departamento Central de Propaganda ha enviado este martes a más de 300 periodistas a Hubei para que hagan una "cobertura en la línea de frente", informaba la televisión estatal CCTV.
La revista Caixin, uno de los medios privados de mayor renombre en China, y que ha sido estos días una de las publicaciones más combativas, publicaba este martes un editorial de llamamiento a la transparencia. “Pedimos transparencia a lo largo de todo el proceso. La transparencia debería de reflejarse en todos los aspectos de la investigación científica, tratamiento médico y despliegue de personal y material, con todos los niveles y departamentos obligados a rendir cuentas. La difusión de información debería ser veraz, precisa, completa y rápida, sin omisiones arbitrarias ni silencios sobre cuestiones importantes que solo reconocen problemas pequeños, y sin huir de la realidad”.
Pero el Gobierno, a través de los medios de comunicación estatales, ya trata de tomar las riendas del relato. La construcción en tiempo récord de dos hospitales en Wuhan -el primero ya está en funcionamiento y el segundo lo hará a finales de esta semana- era primordial tanto desde el punto de vista sanitario como el de propaganda: un modo de demostrar que, cuando se lo propone, China puede acometer proyectos prodigiosos de los que ningún otro país es capaz.
Aunque el propio Gobierno ha admitido que continúan los problemas de suministros médicos para Wuhan y el resto de ciudades en cuarentena, que acumulan cerca de 50 millones de personas desde que se sumase Wenzhou, la única fuera del foco de la infección. “Lo que China necesita urgentemente son máscaras médicas, trajes protectores y gafas de seguridad”, ha precisado el Ministerio de Exteriores”. Tras el parón por el Año Nuevo Lunar, las fábricas chinas aún se encuentran solo al 70% de su capacidad de producción de 20 millones de mascarillas al día. La epidemia dista mucho aún de estar bajo control.


EL MÉDICO QUE LANZÓ LA ALERTA Y AHORA ES UN ENFERMO MÁS


M.V.L
El 30 de diciembre, el oftalmólogo Li Wenliang, de 34 años, escribió un mensaje alarmante en su grupo de amigos de la Facultad. En su hospital habían ingresado siete pacientes, todos relacionados con un mercado de pescado y con síntomas muy similares al SARS, la epidemia causada por otro coronavirus que mató a casi 800 personas en 2003.
No tenía intención de diseminar la información más allá de su círculo de amistades. Simplemente, pedía a sus antiguos compañeros que advirtieran a sus familias y tuvieran cuidado. Pero el mensaje se hizo viral. Cuatro días más tarde, la Policía le acusaba de difundir rumores, un cargo que puede acarrear hasta siete años de cárcel en China. Otros siete médicos recibieron la misma acusación.
En comisaría, el médico tuvo que firmar una declaración en la que admitía su falta y prometía no reincidir, antes de que se le permitiera regresar a su casa.
Pocos días más tarde trató a un enfermo, sin saber que su paciente estaba infectado con el virus. El día 10 empezó a mostrar síntomas, y el 12 quedó ingresado en un hospital, donde su estado continuó empeorando. El sábado pasado concedía una entrevista a la revista Caixin. Le acababan de confirmar su diagnóstico: tenía el coronavirus
El sábado pasado, en una entrevista con la revista Caixin, Li revelaba que él mismo había contraído la enfermedad. Había empezado a sentirse enfermo el 10 de enero, después de tratar a un paciente infectado, y quedó ingresado en un hospital.

martes, 17 de diciembre de 2019

Empezamos a sentir las nefastas consecuencias de la reforma del Arículo 135 de la Constitución



"La reforma de la Constitución de Zapatero condicionará los Presupuestos de 2020" dice el titular de este artículo de el diario El País
 https://elpais.com/economia/2019/12/15/actualidad/1576441099_486364.html?ssm=TW_CC

Sería sí la más importante negativa consecuencia, hasta el momento, de la reforma express del Art135 de la Constitución Española, realizada con nocturnidad y alevosía en agosto de 2011, después de ser decidida por Zapatero y Rajoy en un fin de semana. No se comunicó a nadie  ni siquiera al candidato socialista a las siguientes elecciones generales ya convocadas, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Ha sido el máximo ejemplo, difícilmente superable, de decisión política tomada con transparencia nula por parte de quienes han venido considerando que la Constitución no puede ser reformada en ningún aspecto importante. Lo más grave, sin embargo, es que se reformó por imposición externa -mediante carta amenazadora del peor presidente que ha tenido el BCE, Jean Claude Trichet- y al servicio de una política económica tan errónea como el ordoliberalismo alemán y sus recetas de austeridad extrema de cuyas consecuencias sociales (y también económicas) todavía no nos hemos recuperado.

Es decir, un método inadmisible al servicio de algo tan erróneo como como constitucionalizar una política equivocada para convertirla en un dogal que nos puede condicionar el futuro como país.


viernes, 22 de noviembre de 2019

Christine Lagarde y sus actividades pasadas en paraísos fiscales

En la edición de EL País del día de hoy se publica un artículo firmado por Joaquín Gil y José María Irujo con este título: "Lagarde fue consejera de dos filiales Baker&McKenzie radicadas en paraísos fiscales". Los dos paraísos son Bermudas y Singapur. El enlace con la noticia es el siguiente:

https://elpais.com/economia/2019/11/20/actualidad/1574273793_931725.html

Esta información me incita a realizar el siguiente comentario que puede ayudar a la contextualización de la noticia:


Singapur y Bermudas (Reino Unido), de cuyas filiales de Baker&Mckenzie allí radicadas fue consejera Christine Lagarde, son dos de las jurisdicciones de las que ha hablado recientemente la revista del FMI, Finance and Development, institución de la que la Sra. Lagarde ha sido hasta hace poco directora gerente. En dos artículos publicados en junio de 2018 y septiembre de 2019 (este último monográfico dedicado a la lucha contra el fraude fiscal, la elusión fiscal, el lavado de dinero y los paraísos fiscales bajo el título de "Follow the money"), sus autores -T. Elkjaer, J. Damgaard y N. Johannsen, economistas del FMI, del Banco Nacional de Dinamarca y profesor de la Universidad de Copenhague, respectivamente-  sostienen, a partir del estudio de las bases de datos del FMI y la OCDE, que cerca del 40% de la inversión extranjera directa (IED) va a parar a "empresas fantasma", es decir empresas que no tienen actividad económica significativa.

El monto global de estas falsas inversiones en empresas, que sirven de destino final o de simple tránsito, es nada menos que de 15 billones de dólares, lo que supone la suma del PIB de China y Alemania. En 2018 suponía el 38% del total de la IED. Pues bien, el 85% de esos 15 B. de U$ se deposita en empresas radicadas en 10 jurisdicciones, dos de las cuales son precisamente Bermudas y Singapur.

Aunque una parte de estas cantidades pueda finalmente destinarse a una inversión real y no se quede en simple acumulación de rentas o se destine a actividades de especulación financiera, lo que parece claro es que no hay otra razón de estos destinos o tránsitos que el encubrimiento de procedimientos de fraude fiscal o elusión fiscal. Como tampoco hay otra razón distinta de ésta para que cualquier empresa multinacional abra una filial en un paraíso fiscal. Si se trata de una firma internacional de abogados como aquella a la que pertenecía Lagarde hay otra razón adicional: ayudar a que  otras multinacionales para que utilicen el fraude o la elusión fiscal para no pagar los impuestos que deben.

Las cifras del artículo son indicativas del enorme volumen que el fraude fiscal, la elusión fiscal y el lavado del dinero resultante de estas actividades en los paraísos fiscales tienen en el mundo. Enorme y creciente, puesto que en el artículo de los mismos autores publicado en junio de 2018 el monto total de la IED en "empresas fantasma" era de 12 billones de dólares.

Ahora me quedo en esta breve nota para contextualizar la noticia sobre las actividades pasadas de Christine Lagarde en paraísos fiscales que vuelve a reactivar la "maldición de los directores gerentes del FMI". Prometo volver sobre el tema lo más pronto posible.

Breve conclusión: tras de superar con rasguños su procesamiento en Francia por el "escándalo Tapie", se descubre otra acción política y moralmente cuestionable en la trayectoria de Lagarde, la persona que hoy está al frente del BCE y que debería en razçon de su cargo tener especial dedicación en la realización, junto a las demás instituciones europeas, de una lucha realmente eficaz contra el fraude y la elusión fiscal, el lavado de dinero y los paraísos fiscales. Lucha en la que, hasta el momento, los buenos y justos van perdiendo. Veremos...

sábado, 9 de noviembre de 2019

A pesar de todo, yo volveré a votar por un partido de izquierdas, mañana 10 de Noviembre

Comparto buena parte de los argumentos que llevan a Jordi Évole a votar, según el artículo que ha escrito en La Vanguardia de hoy y que publico a continuación de mi comentario
A votar a los partidos de izquierda, no porque se lo merezcan a tenor de su conducta después del 28 de Abril, sino porque hay que votar contra la derecha, esta triple derecha que tenemos en España, la que camina tras la ideología y las propuestas de Vox, como cuando hace dos días en la Asamblea de Madrid votaron juntas pedir al Gobierno de España que ilegalice a los partidos independentistas, propuesta claramente inconstitucional tanto en la forma como en el fondo.
El pensar que Vox pudiera estar en el gobierno, o influyendo desde una mayoría parlamentaria de derechas, me produce miedo, debería producir miedo a toda persona que se sienta de izquierdas, progresista o simplemente demócrata. Y si cupiera alguna duda, bastaría con volver a escuchar las intervenciones de Santiago Abascal y Rocío Monasterio en los debates televisivos de esta semana, en los que dieron todo un recital de mensajes xenófobos, racistas, antifeministas y antidemocráticos.
Por eso pienso en que hay que ir a votar, como finalmente va a hacer un Jordi Évole que afirma en el artículo haber pensado en abstenerse después del fiasco de la izquierda tras el 28 de abril, a la hora de formar gobierno, o permitir su formación. Paradoja y merecido castigo a su prepotencia o a su irresponsabilidad es que, ahora, PSOE y Unidas Podemos van a tener más difícil formar gobierno o coalición de gobierno, incluso con la pequeña suma de los diputados de Más País. Porque según casi todas las encuestas la suma de sus diputados va a ser inferior tras el 10N que la que obtuvieron el 28A.
Y previsiblemente sólo habrá investidura de Pedro Sánchez si a los diputados de PSOE, UP y Más País se suman todos los demás, nacionalistas e independentistas ante todo, justo cuando es prácticamente imposible pactar algo con los secesionistas catalanes.
A quienes desde abril y mayo, en el PSOE, estaban ya pensando en que hubiera nuevas elecciones, con alegría y supuesta inteligencia maquiavélica, y a quienes como Pablo Iglesias y la mayoría de la dirección de Unidas Podemos rechazaron la propuesta de gobierno de coalición que les hizo en julio el PSOE -al que habían torcido el brazo al revertir su negativa a coaligarse en el gobierno con UP-, porque creían que podían ganar más continuando el juego de póker con Pedro Sánchez y su gente, a todos ellos habría que jubilarlos de la política.
Porque los previsibles resultados que conoceremos a partir de las diez de la noche de mañana -¡ojalá me equivoque!- van a hacer más difícil la formación de un gobierno de izquierdas, o cualquier tipo de gobierno, que los que salieron del 28A. Con mucha probabilidad -según casi todas las encuestas- la casi imposible coalición -mañana más imposible que el 28A- de PSOE +UP +MPaís +regionalistas +nacionalistas +independentistas sólo tiene como alternativa otra casi igual de imposible: PSOE+PP.
Pero, eso sí, todos los partidos tendrían que tener claro que otro bloqueo con nuevas elecciones -las terceras o las quintas, según se mire- u otro larguísimo y agónico proceso de negociación que pariera el ratón de un gobierno interino e inestable conduciría a una tercera imposibilidad: la de que la gran mayoría de la ciudadanía española continuara aguantando a unos dirigentes políticos que han fracasado tanto, y que hayan fracasado por, entre otras cosas, demostrar que una y otra vez priorizan los intereses de partido sobre los intereses generales; o la interpretación que de los mismos hacen desde ese miedo a perder votos y poder que les agarrota.
O sea que el 10N yo también iré a votar a un partido de izquierdas.


Al final iré a votar






A mediados de junio, tuve una conversación informal con dos personas de la confianza de Pedro Sánchez. Acababan de celebrarse las elecciones europeas y estaban eufóricos. En un momento dado, les pregunté si ya tenían claro quiénes iban a ser los ministros, convencido de que habría gobierno de coalición con Unidas Podemos. Se miraron, sonrieron y me dijeron que por qué estaba tan seguro de que iba a haber gobierno. En un primer momento, pensé que me estaban vacilando, que estaban de cachondeo. Pero no, insistieron en la idea. “Volver a celebrar elecciones no tiene por qué ser malo”. Yo, que seguía sin dar crédito, les insinué que esa convocatoria electoral no se iba a entender, que la gente empezaba a estar muy harta de la incapacidad para llegar a acuerdos de nuestros políticos, que la izquierda había ganado en abril y que qué necesidad había de volver a tirar las cartas y jugar a la ruleta rusa en noviembre. Pero nada, no se les borraba la sonrisa ni a mí la cara de susto. Fue en ese momento cuando les dije: “Pues yo, como tantos otros, pasaré de ir a votar por primera vez en mi vida”.
Han pasado los meses y la profecía se va a hacer realidad mañana. No sé qué habrá sido de sus sonrisas de junio, pero mi cara de susto ha ido en aumento. Sobre todo viendo la campaña que ha planteado el PSOE, más pendiente de pescar votos de la derecha que de sus señas de identidad. Ha emergido un Pedro Sánchez aparentemente implacable con el independentismo, aspirando a empatar con la dureza de la derecha, aunque eso sea imposible. Igual le da rédito, mañana lo veremos. Pero no acabo de entender que si en abril, con un discurso más conciliador, sacó unos notables resultados, ¿cómo es que ha cambiado la táctica ahora? ¿Con dos sistemas de juego tan distintos se puede ganar el mismo partido? Igual sí.
Este Pedro Sánchez me ha recordado más al Sánchez encorsetado del 2014, apoyado por el aparato del partido para impedir que Eduardo Madina fuera secretario general, que al Pedro Sánchez rebelde y combativo del 2017 que ganó las primarias contra el mismo aparato que le aupó. El primer Sánchez perdió votos en las elecciones generales. El segundo, los ganó.
Sólo nos faltaba una extrema derecha sacando pecho (metafórica y literalmente) y colocando muy bien su discurso xenófobo en debates en prime time , sin prácticamente réplica del resto de fuerzas políticas. Por eso luego se hace viral un vídeo de Teresa Rodríguez cuando pide que no se llame mena a los menores extranjeros no acompañados y remata: “No puede haber más cobardía que el que se enfrenta a un niño o a una niña que vive solo”. Ojalá alguien se lo hubiese dicho a Abascal en el debate.
Total, que me he repensado lo de no votar por primera vez en mi vida, y mañana lo volveré hacer. Votaré contra la extrema derecha y contra los que pactan con la extrema derecha. Los mismos que se pelean de maravilla en los debates, los mismos que se entienden de maravilla para gobernar. Me siguen dando el mismo miedo que ya me daban en abril.
Votaré contra el racismo, contra los que miran hacia otro lado cuando se siguen ahogando centenares de personas en el Mediterráneo. Contra los gobernantes que tardan semanas en dar un puerto seguro a un barco cargado de personas rescatadas de morir ahogadas.
Votaré por una solución dialogada en Catalunya, donde la persuasión gane a la represión. Y votaré contra los que quieren que sigamos votando hasta que salga lo que ellos quieren. Contra los que creen que vivimos en una sociedad teledirigida, sin pensamiento crítico, donde se puede moldear nuestro voto a su antojo a base de hacernos votar cuatro veces en cuatro años. Si algunos ya tienen en mente otras elecciones –no lo descarten–, que sepan que somos unos cuantos los que seguiremos votando para no darles la razón.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Para no ser tan irresponsable como Sánchez, Iglesias, Rivera,..., votaré el 10N


Imaginaros lo insoportable que resultará el próximo debate televisivo en el que Sánchez, Iglesias, Rivera y Casado, enfrenten sus falsarios "relatos" acerca de por qué tienen que estar otra vez debatiendo en una nueva campaña electoral. ¡La culpa es tuya! En el bando de la izquierda va a ser particularmente lamentable escuchar a Pedro Sánchez pretendiendo vender lo mucho que ha trabajado desde el 28 de abril para formar un gobierno con Unidas Podemos o con Ciudadanos. Y a Pablo Iglesias contándonos como la propuesta del PSOE de julio, ofreciendo un gobierno de coalición con una vicepresidencia y tres ministerios para UP, después de haberse manifestado contrarios a esa fórmula, era una trampa saducea.
Los cuatro líderes, en particular Sánchez, Iglesias y Rivera, en cuyas manos estaba en mayor grado la formación de un gobierno, son unos absolutos irresponsables. Con líderes así no habría habido en España transición de la Dictadura franquista a la democracia.
¡Es que no va a haber nadie en estos partidos que diga que lo han hecho muy mal sus líderes! Es inaceptable ver como han dejado de lado los intereses generales para primar los intereses partidistas de aumentar o conservar cuotas de poder y espacios electorales, o más bien frente a la posiblemente errónea interpretación que hacen de lo que más les conviene en ese terreno.
España necesitaba un gobierno lo más fuerte posible para enfrentarse a los peligros de un Brexit salvaje, a una posible nueva recesión económica general alimentada por el Brexit, la guerra comercial y tecnológica entre China y los EE UU y la nueva crisis del Golfo, a las consecuencias de la sentencia del "procés", a la crisis climática, a la revolución digital, etc., etc. Pero nada, en lugar de saber que opinan sobre ello tendremos que prepararnos para escuchar las explicaciones más inverosímiles sobre quienes son los grandes culpables de que vayamos a nuevas elecciones, de que en España sea imposible formar un gobierno de coalición, contadas por los verdaderos culpables de ello.
Durante estos lamentables cinco meses, los partidos y sus líderes han sido incapaces de hablarnos de las bases políticas, contenidos programáticos y medidas de acción para abordar los verdaderos problemas de nuestra querida España...
¿Serán mínimamente conscientes Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de que tendrán que volver a sentarse para negociar que pueda haber después del 10N un gobierno progresista?
A no ser que hayan abierto con su irresponsable conducta las puertas a que la derecha vuelva a gobernar...
Dan ganas de no votar o de votar en blanco.Supongo que no lo haré porque en una situación tan difícil como la que viven España, Europa y el mundo, no quiero desde mi modestísima decisión personal transitar por el campo de la irresponsabilidad en el que se desenvuelven nuestros líderes políticos

viernes, 26 de julio de 2019

Progrma, programa, programa...

Este artículo ha sido publicado en el digital "Nueva Tribuna", el 26/07/2019
https://bit.ly/30UpGlu
Ante el lamentable espectáculo de las negociaciones entre Unidas Podemos y el PSOE para la investidura de Pedro Sánchez, y su conclusión en la frustración de la posibilidad de formar el primer gobierno de coalición de la historia democrática reciente de España y que éste fuera de izquierdas, lo primero que ha venido a mi mente es ese eslogan que siempre tenía en su boca Julio Anguita: “Programa, programa, programa”. Probablemente uno de los mantras más lógicos y razonables del antiguo líder del PCE e Izquierda Unida.
La lucha por el relato y la imputación de culpas, entre el PSOE y Unidas Podemos, no borrará la responsabilidad de ambos partidos en el enorme fiasco político de la izquierda, hoy, en el Congreso de los diputados. Se olvidaron, voluntariamente o no, del tiempo que se necesita para negociar seriamente un programa. Dejaron pasar semanas y semanas hablando sólo de la inclusión, o no, de Pablo Iglesias en el Consejo de Ministros. Y cuando el líder de Podemos aceptó no ser ministro, ya sólo quedaban tres días para la primera de las votaciones de investidura. Como no había tiempo, dejaron de lado la negociación del programa y hablaron sólo, y contra reloj, del reparto de los puestos del Consejo de Ministros y de las competencias de cada departamento. El acuerdo programático se sustituyó por el fallido intento de pactar el reparto de ministerios y competencias.
Pero este método de trabajo conlleva un riesgo muy serio de cuestionamiento de la unidad del Gobierno. Porque la unidad de un gobierno de coalición tiene que descansar forzosamente en un programa de gobierno, lo más detallado posible, y se erosiona, de entrada, si lo único que se pacta es el reparto de ministerios y las competencias de los mismos. Pablo Iglesias, en el debate, y otros portavoces de Unidas Podemos en declaraciones públicas lo llevaron al extremo de identificar las competencias que les corresponderían con la garantía de realización de sus demandas programáticas. Lo cual introduce en el funcionamiento de cualquier gobierno una dinámica de competencia partidista que lo minaría desde el mismo momento de su constitución. Lo que deben hacer, en un gobierno de coalición, los ministros de no importa cual de los partidos que lo compongan es desarrollar lo mejor que sepan los acuerdos programáticos previamente alcanzados. Sólo así se hacen políticas de un solo Gobierno y no políticas de los ministerios de un partido.
La unidad de un gobierno de coalición tiene que descansar forzosamente en un programa de gobierno, lo más detallado posible
Resulta inconcebible que los protagonistas principales de los dos debates y votaciones de la investidura hayan dado por bueno, o por lo menos inevitable, el no haber ni iniciado siquiera las negociaciones de un acuerdo de programa. En todas las negociaciones que en Europa se han producido en las últimas décadas para la formación de gobiernos de coalición, que hoy son mayoría en la UE, el reparto de puestos ministeriales ha tenido siempre mucha importancia para la conclusión de las mismas con éxito. Pero en todas ellas el acuerdo de gobierno se ha basado siempre en un acuerdo programático. Por poner sólo el ejemplo de la última coalición entre la CDU/CSU y el SPD, en Alemania: se iniciaron las negociaciones después del fracaso del intento de alcanzar un acuerdo programático entre la CDU/CSU y los liberales del FPD; las conversaciones entre democristianos y socialdemócratas para llegar a un acuerdo sobre el programa duraron tres meses y en ellas participaron amplias delegaciones de ambos partidos formadas por decenas de personas; sólo después de alcanzar un detallado acuerdo programático, plasmado en un documento de 177 páginas, se cerró el acuerdo sobre el reparto de ministerios. Y el líder del SPD, Martin Schulz, tuvo que dimitir por haber anticipado públicamente sus deseos de ser Ministro de Asuntos Exteriores después de haber afirmado durante la campaña electoral que no sería ministro bajo las órdenes de la canciller Merkel.
En el fracaso de las negociaciones para la formación del primer gobierno de coalición de izquierdas de la democracia española después de 1977 tienen, a mi juicio, tanta responsabilidad los dirigentes del PSOE como los de Unidas Podemos. Tal vez mayor los del PSOE en el hecho de no haber tomado a tiempo la iniciativa de abrir una negociación programática seria, y mayor, por su parte, la de los líderes de UP en la fase final de las conversaciones por la no aceptación de la última propuesta de composición y competencias que les presentó el PSOE, después de que éste abandonara su pretensión inicial de alcanzar un acuerdo a la portuguesa y aceptara la formación de un gobierno de coalición.
La repercusión del fracaso del PSOE y UP en la formación de un gobierno de izquierdas en España no sólo tiene un impacto muy negativo en la política española que deberá enfrentarse, antes de que termine el año, a las consecuencias de la sentencia del Tribunal Supremo sobre el procés y a seguir sin presupuestos nuevos cuando las perspectivas económicas europeas y mundiales se ensombrecen, sin contar con las consecuencias de un probable Brexit sin acuerdo el próximo 21 de octubre. La posibilidad de un gobierno de izquierdas en España, que tuviera un carácter marcadamente europeísta, estaba siendo seguida en Europa con mucho interés, en especial por la izquierda europea, muy necesitada de invertir el retroceso general de los últimos años y justamente preocupada por el avance de la extrema derecha y el nacionalismo populista en todo el continente.
La posibilidad de un gobierno de izquierdas en España, que tuviera un carácter marcadamente europeísta, estaba siendo seguida en Europa con mucho interés, en especial por la izquierda europea, muy necesitada de invertir el retroceso general de los últimos años
El fracaso de la izquierda española este 25 de julio, y los motivos que llevan al mismo van a ser también difíciles de comprender en Europa, como los son en España, donde creo no equivocarme si digo que una gran mayoría de los votantes de Unidas Podemos y del PSOE están hoy muy desilusionados y que buena parte de ellos muy enfadados con los dirigentes de ambos partidos. El espectáculo de la lamentable sesión de investidura que hemos vivido ha llevado a paradojas del calibre de hacer que el discurso de Gabriel Rufián pareciera el de uno de los políticos más razonables del hemiciclo. Porque, con independencia de los discursos, mejores o peores, con más o menos razones, de los líderes del PSOE y UP, no cabe otra conclusión, por los resultados de sus actos, de que no tienen disculpa, de que no pueden hacer las cosas peor.
El cambio del mapa político español, después de las elecciones del 20 de diciembre de 2015, con la irrupción con fuerza de formaciones como Podemos y Ciudadanos, no ha significado, hasta el momento, una renovación profunda y positiva de la vida política española. Hemos pasado del bipartidismo imperfecto al bloquismo imperfecto, con dos bloques de derecha e izquierda, de dos partidos representativos de ámbito nacional cada uno, hasta 2019 cuando en el campo de la derecha irrumpió un tercero de extrema derecha, VOX. Y en el debe del bloquismo imperfecto –porque los impermeables, entre sí, bloques de derecha y de izquierda siguen necesitando de los nacionalistas periféricos para gobernar- está la inestabilidad política de estos tres años y medio, con la imposibilidad de formar gobiernos sólidos y de aprobar nuevos Presupuestos. La lucha por la hegemonía en el interior de cada bloque se ha convertido en el vector principal del comportamiento político de los partidos, en especial de los nuevos. La tentación del sorpasso sin duda influyó en la decisión de Podemos de no apoyar la formación de un gobierno del PSOE, decisión que llevó a la repetición de las elecciones en junio de 2016, en donde no lograron adelantar al PSOE y sí que Unidos Podemos perdiera un millón de votos respecto a los obtenidos por Podemos e Izquierda Unida seis meses antes. 
Y la lucha por la hegemonía en el campo de la derecha es la que ha llevado a Ciudadanos, bajo el cada vez más autoritario liderazgo de Albert Rivera, a abandonar el centro-derecha para dar un brusco giro a la derecha que ha solidificado los dos bloques, impidiendo cualquier comunicación entre ambos. El Rivera radicalizado hacia la derecha ha provocado una crisis interna en su formación y sus agresivas intervenciones, del 23 y 25 de julio, fueron un modelo de falta de educación y mínima cortesía parlamentaria.
Es decir, hasta el momento no parece nada claro que el balance de la “nueva política” vaya a ser finalmente positivo para la sociedad española. Y eso que surgió casi como una necesidad para renovar el anquilosado y turbio, por la corrupción, mapa político español. Pero el hecho de que la política española –y la de muchos otros países, por supuesto- esté presidida por la primacía del interés de los nuevos partidos en fortalecerse y superar a los partidos tradicionales y la prioridad de estos por resistir los embates de los primeros para que no les superen, colocan lamentablemente el interés general en un segundo plano de la política partidaria.
Deseo y confío que los dirigentes del PSOE y de Unidas Podemos reflexionen 
sobre las muy negativas consecuencias de lo sucedido en la fracasada investidura de Pedro Sánchez y sobre la responsabilidad de cada uno en el todavía no irreversible resultado. No se puede tirar por la borda la posibilidad de que haya un gobierno de izquierdas en España. Y que piensen que para rectificar el desastre, que todavía es rectificable, tienen que empezar por el programa.